Desde La Mesa Mota

Una de estas chiquitas pero matonas ha resultado ser la nueva ministra de Justicia, Margarita Robles, a quien Pedro Sánchez le debía un cargo en el nuevo Gobierno, por todo el apoyo que le ha demostrado en los últimos meses en el Congreso de los Diputa

18.06.2018. Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

Hay un dicho popular en las Islas que se refiere a las mujeres pequeñas con fuerte carácter, que las define como "chiquitas pero matonas", en tono jocoso, porque a pesar de su diminuta figura suelen ser gobernosas, dominantes, caprichosas y ambiciosas, sin que por ello se tengan que ofender estas mujercitas y, mucho menos, aquella que presumen ser feministas, que tan de moda están.

Una de estas chiquitas pero matonas ha resultado ser la nueva ministra de Justicia, Margarita Robles, a quien Pedro Sánchez le debía un cargo en el nuevo Gobierno, por todo el apoyo que le ha demostrado en los últimos meses en el Congreso de los Diputados, no así en el PSOE, porque doña Margarita no es militante del partido.

Pues resulta que la ex magistrado ha demostrado tener una ambición desmesurada de poder, hasta tal punto que Sánchez tuvo que hacer un verdadero encaje de bolillos para colocar a la señora Robles en su Gabinete, porque la interesada pretendía ser super ministra de Justicia e Interior, como lo fue en su época Juan Alberto Belloch, una pretensión que no pudo hacerse realidad, porque doña Margarita ya tuvo problemas con altos cargos de Interior cuando fue secretario de Estado de la cosa., y en Justicia, por ejemplo ha tenido ciertas diferencias con la nueva ministra del ramo, más cercana al juez Baltasar Garzón.

Como verán, hay "intríngulis" en las esferas de poder, como en casi todos los aspectos de la vida y no todo es de color de rosa. Y la señora Robles, por decisión de Pedro Sánchez, se ha quedado sin Justicia y sin Interior, aunque se ha llevado para Defensa las competencias sobre el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que viene a ser como la CIA norteamericana, la casa de los espías oficiales, es decir los servicios de inteligencia del Estado. Cosa, por cierto, que no le ha gustado un pelo a la nueva vicepresidenta, Carmen Calvo. Y es que en todas las casas cueces habas. ¿O no? Y más en un gallinero con aves inteligentes y preparadas. Eso no lo duda nadie, a estas alturas de la película.

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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