Desde La Mesa Mota

En este mundo, pero particularmente en la Isla de Tenerife, existen muchas personas y colectivos sociales que se oponen prácticamente a todo | Imagen: unpaseoportupueblo.blogspot.com

27.08.2018. Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

En este mundo, pero particularmente en la Isla de Tenerife, existen muchas personas y colectivos sociales que se oponen prácticamente a todo, por el mero hecho de llevar la contraria a algunas iniciativas públicas y privadas en beneficio del común y no por intereses mezquinos. 

Aún me acuerdo cómo diversos grupos de ecologistas protestaron hace años por la construcción del tramo de la autopista del Norte (TF-5) comprendido entre Santa Úrsula y Los Realejos, porque eso significaba un atentado contra la Naturaleza y, en particular, partía por la mitad el Valle de la Orotava, uno de los espacios naturales más bellos de nuestro territorio, que ciertamente en aquella época ya estaba destrozado, porque no se había respetado el suelo rústico y se permitieron numerosas edificaciones que afearon aquel otrora paraíso terrenal, admirado por propios y extraños. 

En los años ochenta del pasado siglo, algunos colectivos protestaron activamente porque se iba a ejecutar el proyecto de la Vía de Ronda de La Laguna (nunca concluido desde Las Canteras hasta la montaña de El Púlpito) que ahora transcurre por las faldas de los montes de San Roque y La Gallardina. Los opositores de entonces decían que esa carretera iba a terminar con la agricultura y la ganadería de la comarca... De no ser hoy una realidad, ¿ustedes se imaginan el tránsito diario por el casco urbano lagunero de decenas de miles de coches, con los inaguantables atascos y retenciones que se producirían en las calles del centro histórico? 

No sé realmente qué motivos inducen a estos colectivos protestones a actuar contra (casi) todo, porque son unos demagogos y unos populistas, porque nunca vi a ningún ecologista de esta Isla pedir, por ejemplo, que se cerrase definitivamente la Refinería de Cepsa en la capital tinerfeña, que tantas muertes ha provocado entre la población santacrucera (de manera indirecta, si se quiere) desde 1927 con la continua emisión de gases perjudiciales para la salud de los residentes más cercanos a la referida industria petroquímica, que ya ha anunciado, por fin, que cede los terrenos donde se ubica al Ayuntamiento, para regenerar el suelo contaminado y urbanizarlo dentro de unos años.. 

Viene todo esto a cuento porque estas historias se repiten cíclicamente. Ahora los de no a (casi) todo se oponen, sin ir más lejos, que se construya un tanatorio al lado del Santuario del Cristo de La Laguna, en la plaza de San Francisco, no sé porqué razón. 

La iniciativa, con fines sociales, parte de la propia Esclavitud del crucificado lagunero, que pretende que une empresa funeraria de nivel nacional levante un edificio para velar y realizar las honras fúnebres de las personas que mueran en la histórica ciudad, una empresa especializada de carácter privado, que pagaría un canon anual no inferior a los 70.000 euros por su explotación y cuya recaudación la destinaría la Esclavitud del Cristo a las personas más necesitadas del municipio. 

Si ese es el objetivo, el de la beneficencia, no entiendo porque algunos ciudadanos y la junta directiva de la asociación de vecinos del casco histórico se han mostrado contrarios a hacer realidad este proyecto. ¿Aquí todos nos hemos vuelto locos? 

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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