Opinión

​No sé quién fue que dijo: “Todos valemos el dinero que somos capaces de generar”

27.08.2020 | Redacción | Opinión

Por: Luis Alberto Serrano
@luisalserrano


No sé quién fue que dijo: “Todos valemos el dinero que somos capaces de generar”. Ahí acertó de pleno. Y si no lo ha dicho nadie, ya lo digo yo. Cristiano, Messi y tantos futbolistas ganan cantidades desorbitadas de dinero, pero de una forma honesta. Nadie lo olvide. Y pienso que no deberíamos criminalizarlos por hacerlo. Cualquiera de nosotros, en sus condiciones y con sus cualidades, haríamos lo mismo. Y a vivir que son tres días.

Me molesta, sobremanera, la gente que odia a los que ganan más dinero que ellos. Les daría un consejo: hagan algo que genere fortuna y la disfrutarán. Pero no, es más fácil vivir la vida plácida y lamerse las heridas, criticando a las personas que, en el fondo, envidian.

Y, que conste en acta, que los que mantienen esos sueldos no son todos los españoles. A Ronaldo nadie le subvenciona. Los que pagan su salario son los “voluntarios”, porque nadie les obliga, que pagan las entradas al estadio a un precio, para mi gusto, excesivo. Yo no pago 120 euros por ver un partido de fútbol, pero hay 80.000 personas que no son tan austeras como yo, y se rascan el bolsillo. Muchas veces, y eso da pena, sacándoselo de la comida de sus hijos. ¿Pero, porque ponen un precio tan caro? Porque la gente lo paga. Si en vez de ochenta mil, fueran diez mil, tendrían que bajar el valor hasta fijar un importe asequible, que les llenara el estadio. Así de fácil. Con lo cual, determinaríamos el costo justo que valdría ver un partido del Real Madrid.

Si atendemos a la lista de ganancias del equipo, veremos que los ingresos anuales por partidos jugados (tanto amistosos, como nacionales e internacionales) asciende a 287 millones de euros. Sí, sí, lo he dicho bien. Esa cantidad se reparte entre muchos conceptos. Uno de ellos, quizás el más importante, es en pagar a los que generan todo ese dineral: los jugadores. Y eso que, a estas cantidades hay que añadir los 295 millones por marketing y los 173 que cobran de las televisiones. Todo, sumadito 755 millones de euros.

Cristiano, al año, sale alrededor de 21 millones. Pues que quieren que les diga. Podría pedir hasta más, que se lo merece. ¿Y por qué? Pues porque es el ídolo de la afición. Y no se llega ahí por guapo, eso es en la TV. Ahí se llega metiendo más de 50 goles al año, siendo el jugador determinante con el que ganar más títulos, cogiendo la bandera del suelo cuando parece que la batalla está perdida y conducir al equipo a la gloria. Eso es lo que vale Cristiano Ronaldo. Y para esto hay que machacarse mucho durante toda la juventud. Ese es el sacrificio y ese el beneficio. Trabajar con la meta fija en ser el mejor, y sufrir día a día viendo tu cuenta del banco crecer mientras los demás estamos de cañas, o viendo los partidos plácidamente con el sólo esfuerzo de encender la televisión.

Además, le envidian el dinero que gana en publicidad. Adidas paga al Real Madrid 40 millones de euros al año por las camisetas. Adivinen cual es el que más vende. ¿Qué camiseta le piden los niños el día de su cumpleaños a los padres? Exacto. ¿Y siendo la imagen, no debería Ronaldo cobrar parte de esa ganancia? Me parece lo justo.

Así es que no seamos crueles a la hora de canalizar la envidia. Como saben hay dos: la buena y la chunga. La buena nos sirve para mostrarnos el camino de mejorar y tomar referencia de los envidiados e intentar luchar por parecernos a ellos. La chunga nos hace ver, erróneamente, que al envidiado le llueve dinero sin merecerlo. Y nos saca la rabia, la chunga, también.

Ahora, salgan de los sillones y empiecen a pensar cuál puede ser la manera en que ustedes mismos empiecen a generar dinero. De los valientes y los listos está el triunfo lleno. O si no, no hay problema, quédese quietitos lamentando la vida que llevan y criticando a los que han combatido por tenerla mejor que la suya. Y, tirados en el sofá, con el mando a distancia de la tele, se quedarán con su propio berrinche, auto lamentándose de la forma equivocada.