Opinión

Estamos asistiendo a la madurez de lo que podríamos llamar una pandemia económica global, derivada por el alza de los precios de las materias primas y por el desabastecimiento de aquellas imprescindibles

 

03.11.2021 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

Estamos asistiendo a la madurez de lo que podríamos llamar una pandemia económica global, derivada por el alza de los precios de las materias primas y por el desabastecimiento de aquellas imprescindibles, para un normal funcionamiento de todo el proceso constructivo. Es consecuencia, de la reactivación económica, debido al aumento de la demanda y por supuesto, del consumo, después de una parálisis, casi total, del sistema productivo por la COVID-19. Además, el repunte significativo del sector de la construcción está exigiendo una cantidad de insumos importantes, que el mercado no puede abastecer o si lo hace, a unos precios prohibitivos y fuera de las posibilidades financieras de las empresas. Todo se ha dislocado, el alza es generalizada, desde el hierro, madera, acero corrugado, plomo, cobre, aluminio, petróleo, mezclas bituminosas y demás materias primas, que siguen una escalada alcista, que parece no tener fin. Puede estimarse el aumento, en relación con el año anterior, en una media del 106%.

Después de la crisis sanitaria, sólo nos faltaba entrar en una recesión económica, como consecuencia de la deriva insostenible de precios y lo que aún aumenta la alarma, del desabastecimiento que se está padeciendo. El sector de la construcción ha mantenido su actividad durante el año y medio de pandemia, trabajando con muchas dificultades, pero también, con mucha responsabilidad, tanto por parte de los empresarios, como de los trabajadores, que han asumido, conjuntamente, todos los protocolos preventivos de salud, dando la cara y el esfuerzo, para reconstruir nuestra tierra. En estos momentos, estamos trabajando de manera directa más de 55.316 personas en Canarias, 3.000 trabajadores más que hace un año. Sin contar el empleo inducido, que hace que los demás sectores económicos, por la influencia de la construcción, tengan una actividad más alegre, contundente y progresiva.

El incremento de los precios y el desabastecimiento de las materias primas no tiene color, ni diferenciación, golpeando tanto el ámbito público, como al privado. Como secuela, las empresas estamos teniendo significativos problemas, no sólo de liquidez, sino también, de cumplimiento de plazos, llegándose ya, a la paralización de obras. Toda esta problemática es sobrevenida y ajena al tejido empresarial, que es el damnificado principal. No somos los responsables, sino los perjudicados. Este incesante incremento del coste de los materiales, que los profesionales del sector, vemos como una verdadera amenaza presente y futura para el desarrollo normalizado, no sólo del sector de la construcción, sino de la economía en general, puede tener unas consecuencias catastróficas, si no se toman medidas, allí donde tienen que resolverlo. No es un problema local, insular o sólo de nuestra Comunidad Autónoma, sino que afecta globalmente, pareciéndose muy juiciosamente, a una guerra comercial entre China y el mundo occidental, donde prima, nunca mejor dicho, el acaparamiento y utilización política de las materias primas.

Hay que resolver urgentemente la afectación que está teniendo sobre las obras en curso, habilitando una reglamentación especial, con carácter excepcional, mientras persista la inflación y por supuesto, sobre las venideras, poniendo en marcha mecanismos correctores, como el restablecimiento del sistema de revisión de precios en los contratos públicos, es decir, el reequilibrio económico de los mismos, ya que la actual Ley de Contratos del Sector Público, no permite la revisión de precios para hacer frente a situaciones que puedan acaecer puntualmente, como es el caso.

En Canarias hay que sumar tres inconvenientes más, la lejanía, la histórica falta de conectividad marítima que sufrimos y los costes asociados, que también se han disparado. Está en peligro la supervivencia de muchas empresas y el mantenimiento del empleo. La tesitura es alarmante y la respuesta, por parte de los responsables políticos, tiene que ser inaplazable.

Imagen: Óscar Izquierdo, presidente de FEPECO | CEDIDA