Qué no te manipulen

31.08.2026 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Politólogo

No hace falta ser unos sesudos científicos para entender, por la experiencia cotidiana, que vivimos bajo, llamémosla así, una influencia ideológica llamada con nueva significación,  Nuevo Orden Mundial, NOM, que omnipresente en todos las actividades humanas, nos quiere dirigir según unos bien marcados intereses espurios de todo tipo, para convertir la entera humanidad en un simple rebaño obediente, más bien sumiso, que piense, hable, haga u omita, según las directrices que marcan desde unos centros de poder camuflados en instituciones y entidades muy bien disimuladas por su altruismo, que ya no son los Estados tradicionales sino cenáculos especialmente financieros, bastantes opacos y demasiado sigilosos. Sus más brillantes representantes hacia el exterior son la Agenda 2030 y la ONU, el globalismo, calentamiento del mar, pandemias infecciosas, escasez de agua potable, la ideología de género, el cambio climático y la inefable progresía bocazas, que es la militancia que utilizan para trasladar a la cotidianidad sus instrucciones, muy calculadas en tiempo y forma. Cada cierto lapso se saca un tema a la calle para que estemos entretenidos durante un intervalo, que ellos estiman oportuno según el caso y así, mientras se producen acalorados debates, informaciones cansinas y continuas sobre el particular, en los medios de comunicación social y sobre todo, en artículos periodísticos, científicos o ensayos, tertulias en televisiones, radios o redes sociales, esas élites siguen acumulando riqueza a base de impulsar la pobreza más cruel, generalizada de la población.

En la historia de la humanidad tenemos ejemplos fehacientes, terribles, odiosos, sobre como una pequeña selección de personas han intentado, desgraciadamente, lográndolo muchas veces, no solo gobernar autoritariamente a las polis, sino a las conciencias de las personas, que es lo más grave, convirtiéndolas en meras receptoras de mensajes seductores, pero que a su vez son dañinos al máximo de su expresión, para hacer o deshacer a su gusto y conseguir réditos inconfesables. No es una teoría conspirativa, es lo que coexiste en cualquier lugar del mundo, aunque su gran éxito reside precisamente en negar su existencia, descalificando a quienes la denuncian. Se trata del secretismo absoluto en la toma de decisiones, que van a tener una influencia directa sobre la población mundial, que precisamente es lo menos que les preocupa. 

Aquí no se considera sobre su neutralidad política, que no la tiene o que, si seguir sus bien marcadas directrices es ser de derecha o de izquierda, eso no tiene enjundia, es accesorio, porque lo verdaderamente importante es ser consciente de que nos quieren manipular, cual robots, para conseguir beneficios bastardos, ilegítimos y fraudulentos, que es lo que buscan codiciosamente. La frase atribuida a Paul Watson, cofundador de Greenpeace, “no importa lo que es verdad. Sólo cuenta lo que la gente cree que es la verdad”, viene a reflejar que el relativismo, teoría filosófica que niega el carácter absoluto del conocimiento al hacerlo depender del sujeto que conoce, se ha convertido en la religión secular y oficial de este Nuevo Orden Mundial, NOM.

Lo que le importa a esta progresía, disfrazada de benevolencia, es la mayoría, es decir, contar con la complicidad del conjunto societario, calladito, ciego, ya domesticado previamente con mensajes cifrados y debidamente dosificados, además de repetidos machaconamente en el tiempo, para crear un nuevo orden de ideas que sean afines a sus pretensiones. La minoría estorba, son los que tienen un espíritu crítico, los que piensan autónomamente, los que no entran por el aro ni el arado, los librepensadores, hay que quitarlos donde se encuentren, porque pueden ser semilla de biempensantes. Esta minoridad también engloba a los que no tienen capacidad de consumo, ahí aparecen, como la mayor injusticia social, las hambrunas por muchos sitios del planeta y por supuesto, a los que no tienen capacidad de producir, es el abandono, triste e inhumano, de los ancianos.    

De lo que se trata es de dar miedo con mensajes apocalípticos, desastrosos y alarmantes, porque unos ciudadanos imbuidos de temor son una cabrada más fácil de domesticar, ya que el pánico paraliza, permitiendo así, con total impunidad, hacerse con el poder global. La escritora británica Virginia Woolf, lo dejó bien claro, en su conciencia de libertad, “no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”.
 

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