Desde La Mesa Mota

Residir en una ciudad, por otra parte, tiene muchas ventajas pero también algunos inconvenientes. Entre estos, precisamente, los ruidos

09.09.2018. Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

Ya les he comentado en alguna ocasión que me estoy haciendo mayor. Por esta circunstancia debe ser que cada día me molestan más los ruidos, no soporto ver un espacio de televisión con el volumen del aparato muy alto y menos aún oír gritar al chiquillerío mientras los adultos estamos tranquilamente cogiendo el sol en el solario de una piscina. 

Por estas cosas, cada día entiendo más que existan hoteles y restaurantes que no admiten niños, para que las personas mayores podamos comer, descansar y dormir en paz. Porque es muy incómodo tener que aguantar a niños ajenos que, a veces, son realmente insoportables, aunque ellos no sean los culpables, sino sus padres, que permiten ciertos desmanes en público. 

Residir en una ciudad, por otra parte, tiene muchas ventajas pero también algunos inconvenientes. Entre estos, precisamente, los ruidos. 

Hace meses que una tapa de alcantarilla la, colocada no me deja descansar bien por las noches, porque "canta" cada vez que un coche pasa por encima de ella. Lo he puesto en conocimiento de los responsables municipales y no hacer el menor caso. Pasan del asunto, porque a ellos no les afecta lo más mínimo. No son vecinos míos, claro. 

También me molesta mucho el ruido que provocan determinados individuos en plena vía pública, como los que pasan con sus motos a toda mecha por la avenida de la Trinidad en horas nocturnas, de madrugada, o los que ponen su "discoteca ambulante" con el volumen a todo meter y aparcan el coche debajo de tu ventana, para que te enteres de cuáles son sus canciones favoritas. 

Igualmente, le tengo manía al camión de una empresa de pizzas que se estaciona debajo de mi casa, porque su conductor deja el motor encendido todo el tiempo mientras descarga la mercancía; y también a la barredora mecánica que pasa haciendo mucho ruido todas las madrugadas por los soportales de la avenida, como si el operario que la conduce no tuviera otra hora para hacer su trabajo. 

Les juro que amo el silencio, la paz y la tranquilidad. Odio la contaminación acústica, o como se diga. 

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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