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Se ganan la vida en la calle.

Paco Pérez   14-03-2017   13:03:56   Tagoror Digital

En todas las ciudades y poblaciones del mundo debe haber personas que, sin robar a nadie, sin ser delincuentes de poca monta, se ganan dignamente la vida por las calles.

14.03.2017. Redacción.

Por: Paco Pérez.

En todas las ciudades y poblaciones del mundo debe haber personas que, sin robar a nadie, sin ser delincuentes de poca monta, se ganan dignamente la vida por las calles.

Suele ser personas desahuciadas por la sociedad, maginados o simplemente seres que no encuentran un empleo retributivo y se echan a las vías urbanas en busca del necesario sustento, ya digo que sin hacer mal a nadie y realizan su trabajo con educación y respeto.

No voy a hablar de las decenas de los músicos, aficionados o profesionales, que nos deleitan en distintos puntos del casco lagunero todos lo días, que se apuestas sobre todo en las calles de La carrera y de Herradores y en la Plaza del Doctor Olivera, a la sombra de la Torre de La Concepción, ni a los numerosos vendedores ambulantes que venden libros usados, pendientes y zarcillos de bisutería o de quienes hacen trenzas "in situ· u ofrecen distintas artesaías hechas de lana o de cuero, porque este tipo de venedores se ven en muchos sitios.

Los músicos se limitan a tocar y a cantar y pone en la calzada un plato o la funda de sus instrumentos abierta boca arriba, para que los viandantes pongan una o dos monedas en ellos, como agradecimiento a las melodías que nos ofrece durante horas y horas, mientras que los artesanos ofrecen sus propias elaboraciones manuales a precios razonables, en la avenida de la Trinidad, cerca de la ULL , porque su principal clientela es universitaria..

Estos artistas y comerciantes son abundantes y fáciles de ver en cualquier paseo que se den por La Laguna, pero hay otros personajillos urbanos muy peculiares, como Andrés, el de los bolígrafos "Bic" que los lleva en una mochila y los ofrece a la gente "por la cantidad que quieran dar". Él los compra al por mayor, azules, rojos y negros, a unos 30 o 40 céntimos y quienes se los compran suelen darle un euro, con lo que alcanza una alta rentabilidad en su negocio, a cambio de recorrer, cada jornada, no menos de quince kilómetros por las calles laguneras.

Andrés es un hombre procedente de las montañas y caseríos de Anaga, pero ahora reside por el barrio de Geneto, al sur de La Laguna, y se pasa el día recorriendo el casco urbano desde primera hora de la mañana hasta caer la tarde, poco antes de anochecer y creo, por lo que me ha contado, que ganas una buena renta para seguir viviendo dignamente, aunque él recibe una pequeña ayuda social de unos trescientos euros mensuales por la enfermedad que padece y que le impide estar en el mercado laboral reglado.

Hay otros famosillos en las calles de Aguere, como una señora mayor, que recorre la ciudad diariamente en una sillita de ruedas eléctrica y que ofrece décimos de Lotería Nacional, con los que obtiene un beneficio del veinte por ciento sobre el precio oficial de los billetes, y otra señora procedente del mundo rural de La Orotava que ofrece apuestas de Bono Loto y de Primitiva y que tiene su propio eslogan comercial, porque a sus potenciales clientes primero les dice que sus apuestas están selladas en la Villa norteña y sólo ofrece dos o tres papeleteas, "porque son las últimas que me quedan". Una vez vendidas, se mete la mano en el bolso y saca nuevas apuestas, y así sucesivamente.

También podemos observar por la ciudad el recorrido diario que hace Manolito "el de la Coca-Cola", que se traslada de un lugar a otro también en una silla de ruedas eléctrica y que es muy popular entre la población. Manolo sufrió hace años un terrible accidente, por el que le quedaron importantes lesiones medulares y neurológica. En su vehículo especial ha colocado dos vasos de metal, un para sostener las diez o doce coca-colas que se toma al día, y el otro como receptor de las monedas que le dan sus numerosos amigos y conocidos. Otra peculiar forma de ganarse la vida, más aún en sus circunstancias personales.

Son personajillos amables y simpáticos de mi ciudad, que no hacen daño a nadie, que uno llega a echarlos de menos cuando nos lo ve deambulando por las calles y a los que, en cierta manera, les he cogido hasta cierto afecto. ¿Qué quieren que les diga?

pacopego@hotmail.com

Paco Pérez

24

Periodista

 

 

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