¿Serán las máquinas con Inteligencia Artificial la nueva especie dominante del planeta? Un nuevo fallo de Mercado


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¿Serán las máquinas con Inteligencia Artificial la nueva especie dominante del planeta? Un nuevo fallo de Mercado

Manuel Romero Hernández   27-01-2018   23:01:25   Tagoror Digital

En las próximas décadas las máquinas diseñadas por el hombre con una alta capacidad para aprender cualquier tarea como si fuera un niño (Peter Eckerseley) se integraran en nuestra vida diaria de manera mucho más intensa

27.01.2018. Redacción / Opinión

Por: Manuel Romero Hernández

Mas allá de la economía, el futuro plantea nuevos retos para la especie humana vinculados a la evolución de la tecnología que también pueden ser interpretados desde la Economía del Bienestar y el Equilibrio General de una Economía.

En las próximas décadas las máquinas diseñadas por el hombre con una alta capacidad para aprender cualquier tarea como si fuera un niño (Peter Eckerseley) se integraran en nuestra vida diaria de manera mucho más intensa. Miquel Serra en su artículo en LaVanguardia, ¿Humanos o Posthumanos? (https://goo.gl/P2fX9v)  pronostica que se producirán cambios sociales que ahora son impredecibles que nos llevarán hasta el transhumano y el posthumano. El primero un  humano transformado con capacidades físicas y psíquicas superiores, el segundo un ser artificial con capacidades que sobrepasaran sustancialmente las del humano actual.  Los cambios que traerá el desarrollo de la Inteligencia Artificial afectarán además a algo más que a la aparición de un superhumano, pueden dar lugar una nueva era,  la Ciber-Era como lo ha calificado un buen amigo.

Los humanos se convirtieron en una especie dominante en el planeta  además de por su evolución física, por asociarse y comportarse con el objetivo de beneficiar a la comunidad. Como lo expone Yuval Noah, en su libro Sapiens, de Animales a Dioses, en el origen de nuestra especie para criar a un humano hacía falta una tribu. La alta dependencia de los bebes por su escaso desarrollo al nacer, en comparación a otras especies animales, requería una dedicación alta de la madre, lo que conllevaba la necesidad de recibir ayuda de otros miembros de la comunidad. Sin este comportamiento colectivo no hubiéramos evolucionado ni probablemente sobrevivido como especie.

Cuando nos asociamos y adoptamos comportamientos en defensa del interés de la comunidad todos mejoramos. Ocurrió cuando los gallegos se asociaron para luchar contra el fuego el pasado Octubre como se describe en mi artículo en ElDiario.es, Incendios y Democracia (https://goo.gl/wSj9nK). En cambio cuando los humanos nos comportamos bajo criterios estrictamente individuales los resultados son opuestos. El funcionamiento del sistema capitalista, con empresas e individuos compitiendo legítimamente por ganar riqueza con el beneplácito de muchos gobiernos que se inhiben en sus funciones, ha llevado a una situación que genera grandes desequilibrios en términos de igualdad de oportunidades y de la renta de los ciudadanos a escala global. Este comportamiento, depredador de recursos naturales, ha generado un deterioro importante del planeta. Sus efectos se ponen de manifiesto también en el cambio climático, y ha llevado a un déficit ecológico a escala global, y en las principales potencias económicas mundiales (pueden leer más sobre el concepto de déficit ecológico en mi último libro Democracia e Igualdad: El Papel de un Gobierno en la Economía (https://goo.gl/78fW5Q).

Los desequilibrios en nuestro sistema económico se producen cuando los gobiernos se inhiben y no intervienen para corregir los fallos de mercado. Se dan en situaciones como la contaminación de un río, la congestión de una carretera, en mercados donde las empresas abusan de una posición de mercado dominante, etc. Cuando un gobierno interviene para corregir un fallo de mercado, por ejemplo corrigiendo la contaminación de una empresa que vierte residuos al mar, el objetivo que persigue es defender el interés común, lo que en economía se puede asimilar a bienestar social. Si el gobierno no interviniera la empresa seguiría contaminando con el objetivo individual de aumentar sus beneficios sin asumir los costes de la contaminación que terminaría pagando la sociedad en su conjunto.

Nick Bostrom en su charla Ted, ¿Qué pasará cuando los ordenadores se hagan más inteligentes que nosotros? (https://goo.gl/wQXEPG) analiza qué puede pasar con nuestra especie el día que las máquinas sean más inteligentes que el hombre y sean capaces de intervenir en el sistema de manera autónoma. ¿Será ese el momento en el que empezaremos a dejar de ser la especie dominante? ¿Serán las máquinas con inteligencia artificial la nueva especie dominante  del planeta? No voy a elucubrar sobre esto ni contribuir a fomentar más aún el miedo en nuestra vida. Aunque ya hay un grupo de científicos han dado pasos con  una petición a la ONU para paralizar el uso de robots soldados.

La pregunta de Bostrom tiene una respuesta técnica vinculada a la Economía del Bienestar y requiere ver la Inteligencia Artificial como un nuevo tipo de fallo de mercado. Y la respuesta es: depende cómo sean programadas las máquinas. Si son programadas con el objetivo de beneficiar a la comunidad, ese principio básico estará presente en su ADN y aunque algún día lleguen a evolucionar y se capaces de auto programarse será siempre con el objetivo de beneficiar el interés de la comunidad humana en su conjunto. En cambio si hay alguien que ya haya sacado la bola, como plantea Bostrom, y programado con el legítimo objetivo del interés individual, como la empresa que contamina el mar, cabe la posibilidad de que en el sistema existan máquinas que busquen en el futuro condicionar el comportamiento del humano y dirigirlo. ¿Quizás lo hacen ya las empresas con la publicidad dirigida en función de nuestros cliks en páginas webs o mediante escuchas de nuestras conversaciones desde un Smart TV?

Sea así, o no, si un gobierno se inhibe de su papel y no corrige la congestión de una carretera, el coste que pagamos es tiempo; si no penaliza a una empresa que contamina, lo pagamos con océanos contaminados y destrucción de la vida marina; si se inhibe de regular el poder de mercado de una empresa de transporte aéreo lo pagamos con tarifas más altas. Si un gobierno se inhibe de regular la regulación de la inteligencia artificial el coste es a escala global y puede dar lugar a un cambio en la historia de la vida en este planeta.

Si las máquinas son programadas con el objetivo de favorecer el interés de la comunidad, o lo que es lo mismo el bienestar social, en sus decisiones, también podemos estar ante una nueva era en la que la Inteligencia Artificial puede dirigirnos a ser mejores humanos y llevarnos de nuevo al origen de nuestro comportamiento como especie. Simplemente por hábitos de comportamiento esta situación puede hacernos ganar nuevos valores que cambiarán hacia mejor nuestra sociedad.

 

 

Manuel Romero Hernández

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Profesor Titular de Universidad en el Departamento de Análisis Económico Aplicado en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. desde 1997. Imparto mi docencia en Políticas y Economía Pública, y Microeconomía.

 

 

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