Desde La Mesa Mota

Cumplo sesenta años de vida, una doble cifra con un cero a la derecha, lo que significa que los he cumplido y que comienzo la séptima década de existencia terrenal, hasta que el destino y los dioses quieran.

Este jueves, día 8 de noviembre, cumplo sesenta años de vida, una doble cifra con un cero a la derecha, lo que significa que los he cumplido y que comienzo la séptima década de existencia terrenal, hasta que el destino y los dioses quieran.

Creo que hoy en día tener sesenta años es muy normal y aún se es joven para seguir haciendo cosas. Por lógica, ya no tienes ni treinta ni cuarenta años y la actividad no puede ser la misma, pero la experiencia y la madurez compensa esa decadencia física y, si a principios del pasado siglo un sesentón era considerado un anciano, en la actualidad una persona con esa edad no es, en realidad, un viejo..

En general, con sus crisis y sus momentos de felicidad, mi vida ha sido muy normalita, sin grandes carencias y con una calidad notable, por lo que no me puedo quejar de nada ni de nadie, con sus excepciones, que se pueden contar con los dedos de una mano, porque siempre aparece un ser malo y perverso a lo largo de la película de cada uno. Aunque eso se termina olvidando con el tiempo.

Y ahí quería llegar, al tiempo. A lo pasado, a lo presente y a lo futuro. No hay nada como vivir el "ahora", "lo que pasa, lo actual", tratando de curar las heridas pretéritas y siendo optimista respecto a lo que nos queda por ver y experimentar, sin preocuparnos demasiado por lo que está por llegar, porque --se quiera, o no-- llegará.

En realidad, tenemos un concepto muy subjetivo de la velocidad del tiempo y del espacio. Cuando éramos niños los espacios eran mucho más grandes y el tiempo iba más despacio. A medida que maduramos y envejecemos, la concepción espacial se reduce y la velocidad temporal se acelera, seguramente porque sabemos que, cumplida determinada edad, ya nos queda menos vida que la ya vivida. 

Por eso hay que disfrutar de cada instante y exprimir siempre hasta la última el fruto de nuestra finita existencia. La felicidad plena no existe en este mundo, pero vivir consiste en amar a los demás, en procurar siempre hacer el bien y en intentar ser felices. No hay otra.

pacopego@hotmail.com

Fotografía: Marty Southwell

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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