Opinión

Llego la hora de hablar sin pelos en la lengua, de expresarnos con la libertad que nos merecemos tener, el momento de poner voz a todas las discriminaciones que se hacen por elegir, vivir, disfrutar de la vida como nosotros queremos

15.09.2019 | Redacción | Opinión

Por: Patricia Pérez Rivero

Margua

Llego la hora de hablar sin pelos en la lengua, de expresarnos con la libertad que nos merecemos tener, el momento de poner voz a todas las discriminaciones que se hacen por elegir, vivir, disfrutar de la vida como nosotros queremos. Todos hemos vivido en algún instante de nuestra  vida algún rechazo social por tener una mente abierta, por comprender y hacer visible que la diversidad existe en el mundo.

Situaciones que nos han marcado, creando un malestar en nosotros mismo por hechos como revelar nuestra orientación sexual, religiosa, por querer mostrar una parte de nuestro cuerpo que es natural como dar el pecho a nuestros bebés, etc.  Todos estos actos a ojos de muchas personas que hoy en día siguen con la mente encajada en una vida etiquetada, donde ellos hacen diferencia de lo normal y de lo que se sale de lo normal, han dominado partes de nuestra vida y personalidad.

Porque aún tenemos que seguir educando a la sociedad de que todos tenemos derecho a vivir dignamente, porque por tener un gusto distinto al tuyo, no implica que no respetemos las otras formas de vida que escoja la persona. Se necesita insistir en que “la diversidad forma parte de nosotros”, que merece ser reconocida, respetada y tratada con la naturalidad que tiene. No puede ser que todavía estemos marcando, apartando a las personas por  mostrarse como son.

Cierto que en muchos aspectos sociales se ha avanzado, que las familias no son tan tradicionales y ya podemos ver como personas con  mismo sexo forman  un hogar, como personas que nacen con un sexo se sienten atrapadas no correspondiéndose con el cuerpo que tienen, personas con gustos por ambos sexos porque lo que miran es a la persona no el sexo de la persona, porque estas situaciones y muchas más tienen que dejar de ser rechazadas. Tenemos que crecer y para eso muchos colectivos, instituciones y personas se suman cada día a romper esas etiquetas.

Con los tiempos que corren, los actos que realizamos se vuelven virales, donde se prestan a ser comida diaria en donde vemos como criticamos, juzgamos sin tener un conocimiento de lo sucedido. Donde aún se explota la imagen de la mujer, donde decir: ¡NO!, es sufrir por no ser protegidas, es ser señalada porque un día saliste con una falda muy corta… y tú sabes que si te la pones te pueden mirar. Una sociedad que ataca, juzga y decide quién  eres por cómo te vistes, a quien besas y como vives tu vida.

Seguramente la imagen de este texto sea transgresora y cree polémica, pero a veces estas actuaciones sin censura, despiertan a la conciencia de que algo está pasando. Yo decido, pienso, siento pero nunca dejar de lado el respeto hacia los prójimos y que cada acto que se lleve a cabo no dañe, que sume y multiplique la bella diversidad que tenemos.

Quiero acabar con una frase que he visto en algunas tiendas y dice así: ¡SE PUEDE MIRAR, PERO NO TOCAR!  Mira la vida, respétala, ten amor propio por ti y el resto, ama sin dañar y recuerda que la igualdad viene de la mano de la diversidad.

Imagen: CEDIDA | Patricia Pérez Rivero