Desde La Mesa Mota

Como si estuviéramos en mayo de 1968, una parte representativa de la población se ha echado a la calle en París y en otras importantes poblaciones de la vecina Francia, para protestar contra determinadas decisiones del Gobierno de Macron

09.12.2018. Redacción | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

Como si estuviéramos en mayo de 1968, una parte representativa de la población se ha echado a la calle en París y en otras importantes poblaciones de la vecina Francia, para protestar contra determinadas decisiones del Gobierno de Macron, que se ha convertido de un tiempo a esta parte en un líder muy impopular entre los galos, porque quiere exigirles una mayor presión impositiva y por pretender elevar los precios de los combustibles y de la energía.

En un país democrático, las revueltas y protestas populares desafían a los gobernantes de turno, porque el pueblo es temible cuando se tira a las calles, a diferencia de los regímenes dictatoriales, donde se impone la fuerza y se reprime duramente a los manifestantes, tanto si es una autocracia marxista como si es de extrema derecha, porque cualquier totalitarismo es enemigo de la libertad de expresión y de manifestación.

Muchos franchutes, a diferencia de los españoles, sí parecen tener sangre en las venas y salen a las calles a protestar cuando observan que las autoridades van a tomar medidas injustas. En nuestro país somos menos solidarios y pasamos más de determinados problemas, como si los asuntos sociales no fueran con nosotros. Nos hemos convertido en un pueblo muy pasota, nada contestatario, sin ganas de luchar y muy conformistas con lo que decide la clase gobernante, lo cual es muy mal síntoma, porque con ese pasotismo estamos demostrando que somos un pueblo políticamente enfermo, sin ganas de luchar contra las injusticias.

Los manifestantes franceses, ahora denominados "chalecos amarillos" (porque la mayoría llevan estas prendas reflectantes de ese color), seguramente frenarán las medidas impopulares del Gobierno de la República. Ese es el objetivo principal de la lucha popular. En lo que nadie puede estar de acuerdo es en las formas, porque las manifestaciones no tienen por qué ser violentas ni los que se echan a las calles han de destruir el mobiliario urbano, porque esas acciones quitan legitimidad a quienes protestan.

Se puede reivindicar todo lo que se quiera, pero de manera civilizada y pacífica. El respeto por lo que es de todos los ciudadanos no está reñido con el malestar popular ante medidas que se consideran injustas. Lo cortés no quita lo valiente.

Imagen: diario26.com

Paco Pérez

Paco Pérez

Periodista

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