Opinión

En Canarias se ha perdido, parece que, de manera definitiva, el equilibrio interinsular entre las dos islas capitalinas, que históricamente, ha dado tan buenos resultados o estabilidad política y económica, a nuestra Comunidad Autónoma

28.12.2021 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

En Canarias se ha perdido, parece que, de manera definitiva, el equilibrio interinsular entre las dos islas capitalinas, que históricamente, ha dado tan buenos resultados o estabilidad política y económica, a nuestra Comunidad Autónoma. Desde hace unas décadas y por motivos eminentemente electorales, de los que estaban gobernando en la anterior legislatura, todo ha cambiado, produciéndose una oscilación, donde Gran Canaria, sigue en su ascenso meteórico, copando el liderazgo regional, mientras que Tenerife languidece en un continuo revés imparable, que la está convirtiendo en la séptima isla menor del Archipiélago. Es una realidad tangible, indiscutible y demostrable. No se trata de pleito insular, ni de insularismo, sino de alzar la voz, ante un favoritismo escandaloso, que parece ya normalizado. A la chita callando, es decir, haciéndolo con sigilo, disimulo o en secreto, las inversiones públicas o la distribución de fondos económicos, suelen tener una preferencia clara, además, las ejecuciones de obras o la realización de servicios, también cuentan con un favoritismo, que en muchos casos es escandaloso.

Llevamos años denunciando la coyuntura lamentable que vive la isla de Tenerife, en todas sus variables estructurales. Todo cuanto tiene que hacerse o se debe emprender, encuentra, desde el primer momento, las trabas de siempre, relacionadas con una administración pública que no sirve, mal dotada, con escasos recursos humanos en nuestra isla y sobrantes en la de enfrente. A parte de las ya conocidas de los ínclitos noistas, cuyos intereses inconfesables en parar todo en nuestra isla, no tiene parangón en todo el Archipiélago. Se trata de dilatar la puesta en marcha de las inversiones o proyectos a emprender en la isla, a base de debates estériles, que se eternizan; requerimientos de estudios que no sirven para nada, porque están teledirigidos al encargarlos; propuestas cada cual más pintorescas con protagonismos egocéntricos de políticos mediocres, que no ven más allá de sus narices, lo cual hace perder el tiempo, para que después no se haga nada.

Además y no tiene poca importancia, los intereses partidistas, que están constantemente controlados y gobernados desde la isla hermana, imponiendo directrices a los sumidos políticos tinerfeños, que sólo saben obedecer, callar y rendir pleitesía, porque un puesto público y un sueldo durante cuatro años, parece ser que merece tener la boca cerrada, hace que todo dependa de lo que se decide en otro sitio, donde siempre se barre para casa, porque como dice el refrán, el amor es ordenado y empieza con lo nuestro.

El que la mayoría de los altos cargos del Gobierno de Canarias, por no decir todos, porque hay alguna excepción minoritaria, sean de Gran Canaria o de la provincia oriental, está teniendo unas repercusiones nefastas para Tenerife. Si sumamos que la generalidad de los subdirectores generales, jefes de área, jefes de servicio, jefes de sección o técnicos, también proceden del mismo lugar, se explica el hundimiento de Tenerife y el engrandecimiento de Gran Canaria y nunca mejor dicho.

Actualmente no se trata de un gobierno de coalición, como ficticiamente pueda parecer, sino de un gobierno caracterizado por la componente territorial de sus miembros, porque da lo mismo el partido al que representen, ya que ponen por encima de todo, su carácter localista. Ya no se nota sólo en los grandes proyectos, sino también, en obras o servicios menores, dejando al tejido empresarial tinerfeño tocado y cabreado. También se observa y cuantifica, en el reparto de fondos por parte de las distintas Consejerías, donde se aprecia un desnivel acusado, beneficiando a la isla redonda. ¿Dónde ésta la gallardía de los políticos tinerfeños, de todos los partidos, para revertir esta lamentable realidad?

Imagen de archivo: Óscar Izquierdo, presidente de FEPECO