Opinión

Insistir no es malo, sino conveniente, cuando los asuntos se estancan, los temas no sufren variación o los problemas se enquistan

 

01.06.2021 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

Insistir no es malo, sino conveniente, cuando los asuntos se estancan, los temas no sufren variación o los problemas se enquistan. Por lo menos, sirve para no olvidar lo que es conveniente tener siempre presente. Hay que estar alerta sobre el deterioro económico y social que sufre Tenerife, lo venimos diciendo año tras año, a lo que hay que sumar la falta de autoestima generalizada en la ciudadanía, como consecuencia del abandono sostenido en el tiempo, por el adormecimiento y conformismo, de los que han tenido y tienen responsabilidades públicas. Nuestra isla, tristemente es un territorio desvertebrado, colapsado, inmovilizado y caracterizado por las colas y los atascos en todos los sitios y también, en todos los asuntos, carente de pujanza económica, con evidentes deficiencias en la dotación de infraestructuras y lo que es peor, con falta de liderazgo para salir adelante con pujanza. No cambia nada, no se camina, no se hace, no se impulsan actuaciones convenientes, en definitiva, no se construye y eso significa sencillamente, empeorar en todos los parámetros.

La división ya es una marca de la casa, no hay manera de conseguir un acuerdo por nimio que sea la cuestión para dilucidar, todo son pegas, inconvenientes que se inventan, para evitar ceder en cuestiones ideológicas, partidistas y lo que es peor, de vanidades personales. Los tinerfeños vivimos esta situación perplejos, viendo como en otras islas, quizás se nota un poco más de uniformidad. Aunque también es verdad, que todo se ve desde el prisma que a cada cual le corresponde. En Tenerife pensamos, creo que ciertamente, que en Gran Canaria hay más unión para conseguir los objetivos estratégicos de dicha isla. A los hechos nos remitimos, ya nos gustaría tener las carreteras que allí disfrutan, o una terminal como la del Aeropuerto de Gando o una circunvalación al núcleo urbano Santa Cruz-La Laguna, como tiene la ciudad de Las Palmas o la avenencia que existe para construir el tren en la isla redonda, con un consenso generalizado y los inconvenientes, interesados, irracionales y morados, que hay desde el principio en Tenerife y eso que todavía no han aparecido los escarabajos, que llegarán con seguridad. Pero he aquí, que cuando se mira desde allá para nuestro terruño, dicen exactamente lo mismo, pero, al contrario, que en nuestra isla hay más unanimidad. La verdad es que no se dónde lo ven o mejor dicho, donde se plasma. Por otro lado, desde La Palma siempre existe la queja de que están a la “sombra del Teide” como una dependencia agobiadora o desde Lanzarote se quiere constantemente diferenciarse y autoafirmarse en sus relaciones con Gran canaria.

Esta es una realidad impuesta por nuestra condición isleña y la falta de continuidad territorial que diferencia más que iguala. Ya lo he dicho muchas veces, pero viene a cuento mentarlo de nuevo, el mar en Canarias, poéticamente nos une, como así lo han cantado y también escrito nuestros poetas, pero ciertamente, es un hándicap físico que nos separa indudablemente, aunque cada vez más, a través de las comunicaciones modernas, conseguimos evitar ese distanciamiento. Esta circunstancia provoca también efectos positivos, porque la grandeza, riqueza y diferencias isleñas, es un tesoro cultural, social y antropológico indudable.

Hay que evitar los costes de la doble insularidad, de las islas no capitalinas, que lo experimentan cotidianamente, en un encarecimiento generalizado de su nivel de vida, perdiendo competitividad y lo que es peor, la salida de la población joven, buscando horizontes de futuro estable, que no encuentran en su isla. El equilibrio entre Tenerife y Gran Canaria debería ser exquisito, pero ahora la balanza pinta sólo de color amarillo y el azul está difuminado.

Imagen de archivo: Óscar Izquierdo, presidente de FEPECO |