Opinión

Estamos alarmados por la situación económica, social y la falta de autoestima que se vive en Tenerife, debido a la pérdida de prestigio, solvencia y al decaimiento generalizado en todos los parámetros, llevando a que la isla esté perdiendo fuelle

 

29.03.2021 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

Estamos alarmados por la situación económica, social y la falta de autoestima que se vive en Tenerife, debido a la pérdida de prestigio, solvencia y al decaimiento generalizado en todos los parámetros, llevando a que la isla esté perdiendo fuelle desde hace tres décadas, agravándose cada vez más, con la correspondiente inquietud que genera este declive. Para hacer un símil, diríamos que es un territorio que se está quedando sin capacidad respiratoria. La situación económica es con mucho la peor de todo el Archipiélago, produciéndose cada vez más, una brecha mayor con Gran Canaria, que cuenta con un dinamismo, unidad política y civil, además de una planificación estratégica envidiable. La capacidad de licitación de obra pública, tanto por los Cabildos y los ayuntamientos de la provincia oriental, superan sobradamente, los escasos proyectos que salen adelante en nuestra provincia, donde cualquier iniciativa inversora, es constantemente obstaculizada, tanto desde la administración insular o local, que sencillamente, en la mayoría de los casos, no funcionan, como desde los grupúsculos noistas, que no dejan crear riqueza social, trabajo o empleo. Falta liderazgo político y empuje económico, para poner a Tenerife en el contexto autonómico que se merece.

Este abatimiento se puede visualizar en la construcción. El sector en Canarias siempre ha tenido datos similares en cuanto a inversión, actividad y ocupación laboral entre las dos provincias. Pero desde septiembre del año pasado, se está produciendo una diferencia, que ya empieza a ser significativa y preocupante, donde sale perdiendo Tenerife. A finales de febrero de este año, ya hay una diferencia de 3.000 afiliados más a la seguridad Social en la construcción, a favor de Las Palmas, lo que es un dato significativo de la mayor laboriosidad, debido a la rapidez con que se resuelven allí los expedientes o licencias de obra mayor, en contraposición con nuestra isla, donde hay empresas que llevan más de dos años esperando por la concesión de las mismas. En algunos casos, por no poder aguantar más, han desaparecido algunas empresas, antes de que les llegaran las licencias solicitadas desde hacía años.

El rechazo a la regasificadora en el Puerto de Granadilla y en cambio, el apoyo del Gobierno de Canarias a su instalación en el Puerto de la Luz significa dejar a Tenerife, en los próximos años, fuera del tráfico marítimo en el Atlántico medio, para que se concentre en aquel puerto, quedándose el nuestro en una simple sucursal subsidiaria. El apoyo de todos los partidos políticos, incluido Podemos, que lo hace entusiastamente, de la sociedad civil y de todos los ayuntamientos al tren en Gran Canaria, contrasta con el rechazo que tiene en Tenerife por los mismos actores, que en una isla dicen si y en la nuestra dicen no. En estos momentos, la función pública canaria, tiene ocupados en la citada isla todos los recursos humanos, en los distintos servicios y departamentos administrativos, en cambio, en Tenerife, hay una escasez escandalosa de personal, que imposibilita gestionar cualquier asunto, que incluso, en algunos casos, se mandan a la isla de enfrente para su resolución, por no contar aquí con los empleados públicos imprescindibles, con una administración totalmente desangelada.

Estamos asistiendo, perplejos, al mayor desequilibrio interinsular, que se ha producido en Canarias a lo largo de su historia. Gran Canaria, se está convirtiendo de hecho y de derecho en la capital de nuestra Autonomía y en Tenerife, sigue el silencio sonoro de cuantos deberían levantar la voz en defensa de su isla y no lo hacen, por miedo o por vaya usted a saber por qué, o lo que es peor, los que defienden desde aquí, un regionalismo que quiere gobernar Canarias desde allí. Es la quinta columna.

Imagen de archivo: Óscar Izquierdo, presidente de FEPECO