Opinión

Parece incomprensible que ya entrado el siglo XXI, todavía se produzcan guerras, por los motivos que sean

14.03.2022 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

Parece incomprensible que ya entrado el siglo XXI, todavía se produzcan guerras, por los motivos que sean. Siempre han existido conflictos armados, en cualquier parte del mundo, algunos enquistados desde hace décadas, que no encuentran una solución adecuada de concordia. Es como si la humanidad no progresara, sino que está estancada en la dialéctica del conflicto permanente. Los países más ricos, destinan enormes cantidades de su presupuesto, para surtir sus arsenales de armas de todo tipo, cada vez más mortíferas, siendo una industria tan boyante como las farmacéuticas, que también, con la pandemia de la COVID-19, se han visto bastante favorecidas. Dijo Martín Luther King, “una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales, se acerca a la muerte espiritual”. Otra vez Europa y en su corazón, experimenta la terrible experiencia del genocidio, que significa, claramente, el exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano, por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad. El mundo occidental, con todo su progreso, se ve envuelto, nuevamente en la tragedia de la muerte.

Después de la invasión de Ucrania por Rusia, vuelve el grito de NO A LA GUERRA a nivel global. No me cansaré de repetir que es un retroceso de la humanidad, que sigan produciéndose conflictos armados, con muertes inocentes y los hipócritas efectos colaterales, con los que los políticos, disculpan sus malignas acciones. “La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen, pero que no se masacran” sentencia valiosa del filósofo francés Paul Valéry. Totalmente rechazable cualquier tipo de violencia, venga de donde venga y afecte a quien sea. Todas las contiendas son malas y no pueden dulcificarse según la ideología de cada cual. No vale ninguna justificación, no, es no, siempre y no según convenga. Se acuerdan de las manifestaciones de artistas, intelectuales y demás farándula de la autodenominada progresía, cuando la guerra de Irak, ¿dónde están ahora? ¿o es que hay guerras buenas o malas.? Sólo se han dedicado, además tímidamente, a realizar algunas declaraciones públicas, muy vagas, generalistas y vergonzantes. No se atreven a salir a la calle, para ponerse delante de la pancarta que tanto les gusta. Pienso que el motivo, puede ser que, al convertirse en la casta elitista, que es lo que son actualmente, donde se gana mucho y se disfruta de sobrado confort, no les apetece salir a pasar frio, ni juntarse con el pueblo, cuando gozan de sus buenos despachos enmoquetados, con aire acondicionado, coches oficiales, viajes o comidas gratis y demás prebendas del poder, que tanto les agrada. Lo que eran y lo que son, un abismo entre lo que se dice y se hace. Ejemplares, como que no son. El socialista y sindicalista español Pablo Castellano lo plasmó de manera diáfana, “los políticos se han convertido en una casta para sí misma, unos profesionales de la nómina”.

Si bajamos a nivel de calle y para beneficio de la entera sociedad, también sería conveniente menos crispación política, olvidar el frentismo permanente o buscar la pelea dialéctica como forma de hacer política. Plantar diálogo, cuidando a continuación el consenso, significa cosechar la paz. Allí donde esté cada cual, que procure impulsar la concordia, poniendo armonía, para llegar al acuerdo, que lleva a la unión. Así ganamos todos y enaltecemos la condición humana. Hay que enterrar las trincheras, propiciar el encuentro, aumentar la capacidad de escucha, que es el comienzo de la avenencia y tener la valentía de ceder, allí donde con esa actitud, se puede llegar al arreglo. Todos somos responsables de hacer la paz.

Imagen de archivo: Óscar Izquierdo, presidente de FEPECO