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Durante las últimas décadas ha disminuido de modo ininterrumpido la importancia de un sector vital para nuestro Archipiélago: el sector primario | Imagen: coalicioncanaria.org

26.10.2018. Redacción | Opinión

Por: Deisy Ramos Cabrera 

Vicesecretaria de Acción y Estrategia Política de los Jóvenes Nacionalistas de Canarias (JNC)

Durante las últimas décadas ha disminuido de modo ininterrumpido la importancia de un sector vital para nuestro Archipiélago: el sector primario. En la actualidad, el sector primario en Canarias no llega a cubrir las cuotas mínimas de autoabastecimiento recomendadas por la UE, ya que no alcanza el 20% de las necesidades de sus habitantes; porcentaje que no es en absoluto homogéneo, pues la producción de cereales en Canarias es tan exigua que no llega al 0,8%, tan necesaria en las Islas para cubrir la demanda de pan, gofio, bollería, pastas o repostería, entre otros alimentos.

La baja rentabilidad y los sobrecostes de las materias primas precisas para los cultivos que sustentan el sector, han generado un repliegue hacia otros sectores como el turismo y la construcción. Según datos del Instituto Canario de Estadística de 2018, el terreno cultivado asciende a 45.000 hectáreas, frente a un suelo agrario útil sin uso de 85.000 hectáreas, es decir, que en este año agrario el 60% aproximadamente de la tierra cultivable está abandonada en las Islas Canarias. Este panorama se agrava si le agregamos el envejecimiento constante de la población rural por una absoluta falta de relevo generacional.

Los jóvenes de Canarias que se han criado y vivido en zonas rurales conocen el sacrificio que significa sacar adelante una explotación agrícola o ganadera; son evidentes los riesgos que corren y en muchas ocasiones, son compensados con escasos estímulos económicos. Por ello son muchos los que optan por buscar otro camino, alejándose del campo. Su opción ha sido formarse en ámbitos de la actividad económica que les genere un medio de vida más estable y menos castigado.

La crisis del último decenio también ha afectado a sectores como la construcción y ha generado un escaso desarrollo industrial, lo que ha provocado un pequeño repunte de ilusión en muchos jóvenes que han tomado la decisión de mirar de nuevo al campo y apostar por la actividad agraria y ganadera. Así se detecta en los proyectos presentados para acogerse a las ayudas públicas a jóvenes empresarios agrícolas. Sin embargo, en demasiadas ocasiones las expectativas se ven frustradas por las dificultades burocráticas que impiden llevarlos a término.

Los que consiguen superar los obstáculos y avanzar, ya sea en agricultura o ganadería, tanto vacuna como caprina, coinciden en la dificultad que supone no solo conseguir un lugar donde explotar la actividad, sino la dedicación inmensa que requiere empezar debido a los costos derivados mecanización y, sobre todo, debido a las dificultades económicas globales para financiar el inicio y puesta en marcha del proyecto. La realidad es que la mayoría de los jóvenes que afrontan este reto difícilmente subsisten durante los dos o tres primeros años, lo que conlleva un efecto disuasorio para otros jóvenes que pudieran estar interesados en el sector.

Los jóvenes reclaman una mayor implicación y sensibilidad de las instituciones públicas, pero también de las empresas privadas de todos los sectores que de una u otra forma están vinculadas al sector agroalimentario. Asimismo, requieren que se simplifique la burocracia y se facilite de modo real la incorporación de jóvenes al sector primario.

Ciertamente ha habido alguna iniciativa desde el Gobierno de Canarias en este sentido y ello ha posibilitado la creación de 250 empresas agrarias regidas por jóvenes de menos de 40 años, pero las cifras indicadas al principio de este artículo hablan por si mismas y requieren un verdadero compromiso institucional que posibilite el imprescindible relevo generacional y la racional explotación del suelo agrícola canario.

Este sector debería tener mayores cotas de autoabastecimiento. Es básico para el desarrollo y bienestar de los que viven en esta tierra y necesitan ser apoyados por quienes habitamos esta tierra. Debemos ser conscientes de que comiendo producto local ayudamos, no solo a nosotros mismos, a nuestro bienestar adquiriendo productos frescos, sino a todos esos jóvenes que han apostado por sumarse a un relevo generacional imprescindible en el campo canario.