Opinión

Todo está cambiando con una celeridad vertiginosa, el coronavirus ha impuesto nuevos tiempos en la resolución de problemas. Incluso la vacuna ha sido creada en un tiempo récord, que según dicen los expertos es un triunfo de la ciencia

04.01.2021 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

Todo está cambiando con una celeridad vertiginosa, el coronavirus ha impuesto nuevos tiempos en la resolución de problemas. Incluso la vacuna ha sido creada en un tiempo récord, que según dicen los expertos es un triunfo de la ciencia. Además, la digitalización ha entrado con fuerza, para quedarse en nuestra vida ordinaria, impuesta por la necesidad. Un arquetipo, es la generalización del teletrabajo, mediante la incorporación de las últimas tecnologías de la información y comunicación. Otra muestra, son los modos y hábitos de consumo, tanto alimentarios, como de cualquier otro tipo, pasando de una estancia presencial en el establecimiento respectivo, al envío domiciliario de los productos. Así podríamos seguir acumulando ejemplos de un cambio de paradigma, donde estamos inmersos y todavía asimilando. La aceleración de los distintos procesos ya no tiene retorno, porque lo que tendría que haber sucedido gradualmente, en un cambio tranquilo y controlado, se ha producido repentinamente, obligado por una crisis sanitaria global. Estamos incorporando nuevos procedimientos, que hace pocos años parecían de ciencia ficción.

Un dato significativo, por lo que representa para Canarias, es el cambio que seguro se producirá en el turismo o mejor expresado, en su forma de hacerlo. Seguirá siendo un fenómeno mundial, desde luego no se extinguirá, al contrario, tomará nuevos bríos, pero de una manera diferente. Todavía no se sabe con seguridad los derroteros que tendrá, estamos precisamente en esa etapa donde se está experimentando nuevas propuestas, procedimientos y formas de hacerlo. Los expertos y los profesionales del sector, por cierto, bastante competentes, seguro que encontrarán el camino para seguir viajando, conociendo nuevos espacios, compartiendo experiencias culturales o de ocio satisfactorias, con todo lo que sea necesario incorporar para la seguridad personal o colectiva.

La construcción fue víctima en el año 2.008 de un crac financiero, cuya quiebra produjo súbitamente el hundimiento del sistema económico, también a nivel global, teniendo una especial repercusión en el sector, siendo el más perjudicado y encima de males, atribuyéndosele malvada e interesadamente, desde el mundo bancario, la culpabilidad, denominando o demonizando la situación como “burbuja inmobiliaria”, con el fin de distraer y entorpecer la investigación hacia los verdaderos responsables, porque lo que verdaderamente sucedió fue una “burbuja financiera”. La bancarrota empresarial, seguida de la ruina económica de muchas personas o núcleos familiares, fue tremendamente dolorosa, incluyendo el hundimiento y el descrédito social. El desempleo aumentó vertiginosamente, instaurando una complejidad laboral verdaderamente alarmante. Y con todo lo que sucedió, los políticos irreflexivos de esa época negaron, mezquinamente, ayudas o rescates públicos, porque argumentaban en una amnesia vergonzante, que la construcción ya había ganado mucho dinero, sin acordarse de lo que reinvertía y revertía como riqueza para el conjunto de la sociedad. Se miró con desfachatez para otro lado, dejando morir, en muchos casos literalmente, a las empresas y también hay que decirlo, en honor a la verdad y sobre todo a su recuerdo, a empresarios sufridores de un estado de ánimo que no pudieron superar.

Que no se repita esa triste historia reciente que sufrimos en el sector de la construcción, porque el dinero público no es el del gobierno, para gastarlo en dispendios innecesarios o publicitarios sin valor añadido alguno. Es de los ciudadanos que lo ceden en sus impuestos y por lo tanto, tiene que revertir en políticas capaces de favorecer la actividad económica y el empleo, fundamental como medio de sustento material y dignidad personal. Desde la administración hay que ayudar decididamente y lo decimos sin complejos, a la iniciativa privada, a las empresas, para que puedan sobrevivir, principalmente a las pymes, microempresas y autónomos, porque son las que nos sacarán del pozo en que estamos inmersos. La vacuna es una esperanzadora noticia, falta poner por obra la otra, que se llama trabajo.

Imagen de archivo: Óscar Izquierdo, presidente de FEPECO