Al Golpito

Mucho, mucho, mucho ruido, pero pocas soluciones a la hora de desbancar del poder a Nicolás Maduro

11.05.2019 | Redacción | Opinión

Por: Rafael J. Lutzardo Hernández

Mucho, mucho, mucho ruido, pero pocas soluciones a la hora de desbancar del poder a Nicolás Maduro. Sin duda, no es tarea fácil. Sobre todo, porque por medio están dos potencias mundiales como son Rusia y China, las cuales están protegiendo y cuidando al dictador chavista. Mientras tanto, varios millones de venezolanos huyen del país con lo puesto; rompiendo esa barrera fronteriza que divide Venezuela con Colombia. Para Pascual Serrano, Eduardo Davis, Paula Vásquez, Lautaro Sancho, Eduardo Garzón, los problemas que invaden a Venezuela en estos momentos se resumen de la siguiente manera.

Una economía basada exclusivamente en el petróleo. Una sociedad ineficiente acostumbrada históricamente a las rentas del petróleo. Acoso extranjero a un país y a un gobierno que quiere desarrollar un sistema propio. Errores en su política económica y la imposición del control de cambio. Corrupción.

El mayor problema es la crisis humanitaria: la escasez de alimentos y medicinas que tiene su origen en 2014. Eso habría que resolverlo de forma urgente con la ayuda de la comunidad internacional. La ausencia de servicios públicos, desde los básicos, como el agua y la luz, hasta las dificultades para obtener un documento de identidad (hay venezolanos que llevan más de un año esperando por un pasaporte).

Después, la destrucción de la economía, debido al colapso del sistema rentista. Durante el segundo periodo de Chávez (2006-2012) Venezuela tenía en promedio la mayor bonanza petrolera de su historia. Sin embargo, el país logró solo un 3% de crecimiento promedio en esos años. Se aumentó la dependencia petrolera hasta llegar a un 97% del PIB y no se generó ninguna industria para la superación de esa dependencia.

La imposibilidad de construir un sistema político. Mientras en México López Obrador se reúne con el presidente saliente, Enrique Peña Nieto, y en Chile Bachelet desayuna con Piñera al culminar su periodo, en Venezuela apenas pudo sentarse la oposición con el Presidente de la República en 2014. Es cierto que la crisis de reconocimiento la origina la oposición de 2002 al 2005 al desconocer la popularidad del “Comandante”. Sin embargo, para 2006 el candidato de la oposición, Manuel Rosales, reconoce que Hugo Chávez ganó sin fraude electoral. Ese primer gesto, que parecía construir un sistema de mutuo reconocimiento, lo destruye Chávez en 2007 cuando, derrotado, dice que la oposición obtuvo una victoria “de mierda”, llevando a cabo las derrotadas reformas mediante decretos presidenciales y leyes especiales.

Po otro lado, Venezuela atraviesa el peor momento de su historia republicana, producto del derrumbe de todo un modelo y sistema político, económico y social. Es una crisis cuyo impacto se nos escapa por lo vasto que es, por las inimaginables consecuencias que tiene sobre la salud de la población, la economía, el medio ambiente, por no hablar de las instituciones (Justicia, seguridad, etc.) Lo que ocurre es consecuencia directa del modelo de funcionamiento del estado que impuso -de manera autoritaria, aunque fuera validado como presidente- el difunto Hugo Chávez. Chávez logró hacer pensar que su compasión por los pobres valía el precio de desmantelar las instituciones de la democracia, que su preocupación por las desigualdades sociales -mucho menores que las de hoy- justificaban el desmantelamiento de la democracia representativa, y de simple y llanamente la democracia. Hoy los venezolanos entienden que todo aquel discurso social era, antes que nada, una impostura, y que el proyecto era, en realidad, apoderarse del Estado.

El estado no está vacunando como debiera, no hay cobertura. El nivel hospitalario que atiende las patologías crónicas, por ejemplo, está colapsado. Los pacientes que sufran de una patología crónica -diabéticos, enfermos renales, personas con enfermedades neurológicas como el Parkinson o la epilepsia- están simplemente condenados a sufrir, morir y mal morir. La inseguridad producida por la delincuencia es tremenda, porque no hay ninguna posibilidad que el Estado brinde justicia. Las prisiones son los lugares desde donde operan las bandas organizadas con total impunidad y complicidad. La crisis monetaria es otra forma brutal de inseguridad: acabar con las formas de pago, con la eliminación del dinero en efectivo, de las tarjetas de crédito, restricciones bancarias de todo tipo, es una política creada a adrede, por ejemplo. La emigración masiva de profesionales y expertos de todo tipo hace que el abandono de los que quedan dentro sea muy fuerte. La educación sufre mucho por ese motivo. Por ejemplo, no hay profesores ni de física o de matemáticas en muchos colegios y liceos. Es tremendo.

Por orden de urgencia: Los problemas más inmediatos de los venezolanos siguen siendo la escasez de alimentos y de medicinas, la escasez de efectivo y la inseguridad. La dieta de los venezolanos se ha restringido drásticamente en los últimos años y han explotado los casos de desnutrición infantil, como también resurgieron enfermedades como la malaria y el sarampión. En tercer lugar, impacta el hecho de que los diferentes cuerpos de seguridad pública sean con frecuencia vistos por la población como una parte del problema y no una parte de la solución a la inseguridad. Creo que los venezolanos han perdido la confianza en la mayoría de los agentes del Estado. Luego vienen problemas más estructurales, como la corrupción y la dependencia rentista.

La situación actual es consecuencia de errores cometidos durante décadas que abarcan no sólo el período “bolivariano” que comienza en 1999, con la llegada al poder de Hugo Chávez, sino que se arrastran desde la llamada IV República. El modelo chavista, mal llamado socialista, profundizó el “rentismo petrolero” y prolongó un sistema de inmensas desigualdades que, si bien fueron ligeramente reducidas durante los tiempos de bonanza petrolera, volvieron a expresarse con la misma fuerza que antes una vez que se acomodaron los precios del crudo, pero ahora con una empresa estatal debilitada por el exceso de “politización” de sus negocios y una corrupción equivalente a la anterior.

Es difícil hacer previsiones sobre lo que podría pasar en Venezuela. Es probable que la situación económica y la calidad de vida se siga deteriorando, y eso se traducirá en un mayor flujo de emigración venezolana. Afortunadamente, en el pasado varios países de la región adoptaron mecanismos de acogida, como pasó con Colombia, después con Perú, Argentina… Hoy en día hay un cambio, más preocupación por este flujo descontrolado. Los anuncios sobre los problemas que afloran a la industria petrolera no corresponden con la realidad. Ahora afloran problemas del pasado que limitan la capacidad operativa de este sector, y eso genera problemas de flujo de caja para el país.

Hay muchos barriles destinados al pago de deuda con China y Rusia por acuerdos de los tiempos de Chávez y otros más recientes, con Maduro. También Venezuela exporta menos a países que antes aportaban muchas divisas, como Estados Unidos, donde además Venezuela tiene una red de refinerías a través de filiales, o también India, donde cae la venta de petróleo venezolano por los problemas de litigios con varias multinacionales y las sanciones internacionales. Todo eso agudizará la crisis que vive el país.

Por último, la hiperinflación en Venezuela se debe a la interacción de numerosos y diversos factores que tienen que ver con la débil estructura productiva y exportadora de su economía, con el enorme poder de grupos económicos contrarios al gobierno, y con la singular posición política e institucional del ejecutivo venezolano. La situación es muy grave

Rafael J. Lutzardo Hernández

Rafael J. Lutzardo Hernández

Periodista y escritor. Actualmente colabora como columnista y realiza reportaje de sociedad en El Diario de Avisos.

Autor de numerosos prólogos de libros y programas de fiestas populares de nuestra tierra. Autor del libro "Vamos de Guachinches y otras casas de comidas"

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