Opinión

Es habitual que a través del teléfono te inunden con mensajes, imágenes, consejos y vídeos que te llegan sin tan siquiera pedirlos

21.10.2018. Redacción | Opinión

Por: Carlos Alonso

Presidente del Cabildo de Tenerife

Es habitual que a través del teléfono te inunden con mensajes, imágenes, consejos y vídeos que te llegan sin tan siquiera pedirlos. Nos hemos ido acostumbrando. Es el mundo actual, lleno de impresiones que se agotan en pocos minutos. No hay tiempo para nada, ni siquiera a veces para ver esos vídeos que incluso te llegan por varios sitios. El WhatsApp es hoy una ventana abierta en donde todo se cuela. Y aunque mucho de lo que llega es simple ruido o burlas crueles o incluso insultos que surgen del anonimato, de vez en cuando te sorprendes.

Hace unos días me llegó un vídeo curioso. Me dio que pensar: Se titulaba "Qué es lo que practicas?". Les juro que no he sido nunca de esos que siguen los libros de autoayuda, pero en este caso, la imagen de un niño hindú hablando en inglés sobre la actitud en la vida me capturó. El vídeo recitaba insistentemente una pregunta: ¿Qué practicas? ¿La alegría o la queja? Porque según lo que practicas serás bueno en ello, señalaba. Te convertirás en un gran perfeccionista de la queja si lo que practicas es el enfado. Te quejarás de todo aunque eso de que te quejas no te perjudique o no tenga importancia. Hazte experto en la alegría y seguro que en eso te harás bueno, concluía el niño. Se trataba de una reflexión fresca y directa sobre algo muy sencillo: si nos enfocamos en la queja permanente sólo veremos la parte negativa de las cosas y eso nos impedirá percibir las cosas buenas que subyacen en muchas de las cosas que nos rodean. Es algo que se puede aplicar a todo lo que hacemos en la vida cotidiana.

Sin pretender llegar a ninguna conclusión, simplemente porque me pareció un mensaje muy poderoso, utilicé el vídeo en lo que a la postre se convirtió en un perfecto experimento social sobre las redes y sobre el comportamiento humano.

Tuve la ocasión de mostrar el vídeo en la entrega de los premios de valores humanos que como cada año reconocen el valor del voluntariado, el valor de vidas cívicas que muestran con su ejemplo el camino hacia una sociedad mejor. El público abarrotaba la sala del TEA, gente que ha dedicado su vida y su tiempo hacia los demás. Organizaciones, personas anónimas, mujeres prodigiosas, voluntarios en la tarea, a veces dura e ingrata, de dar una parte de su vida y su esfuerzo a los demás, escucharon con alegría y emoción el mensaje del pequeño. El niño inundó con su mensaje el ambiente en la sala. Personas que tiene derecho a quejarse pero que no lo hacen y practican la alegría y la dedicación a aquellas personas que más lo necesitan; a los más vulnerables. Personas que se hacen expertas en una vida alegre por procurar lo mejor para otros a los que ni siquiera conocen, pero con los que se comprometen para conseguir con su pequeño esfuerzo la gran tarea de conseguir un mundo mejor. Personas que son un oasis y un ejemplo en una sociedad que es cada vez más individualista.

Y luego, tuve la idea también de colgar el mismo vídeo en mi perfil de Twitter. Quería responder a algunas preguntas que se quejaban del tráfico y de las propuestas que sobre el transporte estamos haciendo. Y como decían nuestros mayores ¡para qué fue eso!. Era el mismo vídeo y el mismo mensaje, pero la respuesta de esa red social fue muy diferente. Virulenta. Poderosamente rabiosa. Transmitía la pura indignación porque el presidente del Cabildo aparentemente respondiera ante la queja con un vídeo de un niño pequeño que parecía reírse de todo el mundo, incluyendo desde luego los que me interpelaban a través de las redes sociales. El vídeo provocó más quejas aún de las que intentaba confrontar. Creo que los que usamos a menudo twitter nos hemos hecho buenos en la protesta, en el derribo y en la queja. Y es que el niño tenía razón. Eres bueno en lo que practicas.

Ha sido un curioso experimento. Confrontar la realidad de una sociedad de carne y hueso, de personas que te miran a la cara, con la sociedad anónima y visceral de las redes. Lo real con lo virtual. El mirar al fondo de la mirada para ayudar o el desatar la libertad de la crítica del click. Sentir la palabra que sale del corazón en directo o el esconderse en la frialdad de una arroba. Quizás tanta ventana abierta por la que todo nos entra nos haga perder la perspectiva de lo importante. Nos lo tendríamos que hacer mirar. Entre el ruido y la furia de los que sólo existen en el mundo imaginario de las redes y el otro mundo de los que se comprometen con su esfuerzo, me quedo con los que practican hacer algo para que todo cambie a mejor. Les dejo el link del vídeo para que ustedes mismos opinen: ( https://youtu.be/DzL11Kiqkf8 What do you practice?). Escuchen el mensaje. Merece la pena.