Al Golpito

Con el transcurso de los años te vas dando cuenta que la vida es una noria que no para de girar a nuestro alrededor.

Rafael Lutzardo

Con el transcurso de los años te vas dando cuenta que la vida es una noria que no para de girar a nuestro alrededor. Una noria, que muchas veces te da la oportunidad de estar arriba y otras, si no la controlas bien, abajo. Dependiendo de las etapas de la vida,  muchos son los momentos de felicidad que la vida te ofrece, pero también de desencantos. Todo ser humano tiene una historia que contar. Algunas de esas historias son dignas de un best-seller. Historias de amor; desencantos de los seres queridos, traiciones de las personas en las que más confiabas y todo un cúmulo  de cosas y circunstancias que la noria de la vida ha llevado en cada uno de sus compartimentos, motivado por un proceso de evolución y continuidad de los seres humanos.

La escalera de la vida, con sus peldaños, te pone a prueba para que puedas escalarla, especialmente cuando eres joven y atrevido por la ignorancia de la enciclopedia de la vida. Más tarde, y por el peso de los años, esa sabiduría que te enriqueció en experiencias de la vida; te condiciona  y ya no podrás subirte como tu hubieses deseado. No importa, lo importante es sentirte bien contigo mismo en un mundo que se caracteriza por “platos combinados” de culturas, historias, lenguas, dialectos y religiones.  Una noria, que tiene un tiempo para todo. Es decir, un comienzo y un final en la vida de todo ser vivo en la tierra. Mi vida no es diferente a la de los demás, sobre todo por que soy un ser humano con defectos y virtudes y que al igual que he nacido, también muero. 

Escribe Jonathan Guisado García en un artículo en la Provincia titulado: la otra cara de la verdad.  Atacamos y competimos suciamente en multitud de ocasiones sin ser conscientes de que tu camino, el mío y el de ellos conducen al mismo sitio. Ahí no hay recompensas más que la calidad de despedida que te puedas permitir o te quieran dar, pero no te confundas. Tu dinero, tu hipocresía o tu prepotencia no te darán un reconocido final, ni siquiera un final. Podrás acabar solo, triste y desolado o desolada y será en tu último suspiro cuando te arrepientas de todo mal injusto que cometiste. Ya no hay retroceso ni más páginas para escribir.

Solo nosotros mismos sabemos quienes somos. Tú me señalarás, pero nunca podrás reseñar que soy bueno o soy malo o tal vez ambas dos. ¿Que más da lo que sea para ti si realmente soy perfecto para el, para ella o para ellos? La reflexión hace al hombre más sabio. Actuar de forma impulsiva en el mágico mundo de los sentimientos es optar por la guía que se pierde y esta siempre te llevará al más absoluto fracaso.

Tus ojos se cerrarán visualizando por ultimo el techo frío de un hospital o rodeado de una decena de sucesores que portarán tu misma manta. Naces y subes a una noria que gira y en la que a veces estas arriba y otras muchas estas abajo. Cada uno es dueño de su noria y puede pintarla del color que quiera, pero no podrá variar movimientos, ni quedarte arriba cuanto desees.

Tú decides que hacer, si pintar tus propios paisajes o ver los paisajes de quienes ya abandonaron o perdieron. Hagas lo que hagas nunca olvides que la parada final de toda noria está siempre abajo. Morirás y sin darte cuenta habrás dejado tu legado. Podrás permaneces vivo o desaparecer para siempre.

Fotografía: Xavi Cabrera

Rafael J. Lutzardo Hernández

Rafael J. Lutzardo Hernández

Periodista y escritor. Actualmente colabora como columnista y realiza reportaje de sociedad en El Diario de Avisos.

Autor de numerosos prólogos de libros y programas de fiestas populares de nuestra tierra. Autor del libro "Vamos de Guachinches y otras casas de comidas"

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