Un corto canario es elegido para el Festival de Sitges y el FilmQuest de EE. UU.
El cortometraje de animación ha sido producido por Honestree Island y 3Doubles, estudios que han contado con la colaboración de instituciones como Proexca y la ZEC

14.10.2026 | Canarias
El cortometraje de animación «IA vs Deus» ha tenido su estreno mundial en el Festival de Sitges y viajará después al festival estadounidense FilmQuest. La obra ha sido producida en Canarias por dos empresas como Honestree Island y 3Doubles, quienes han contado con la colaboración de instituciones como Proexca y la Zona Especial Canaria - ZEC.
Este proyecto lleva la inteligencia artificial al universo de terror de H. P. Lovecraft y está siendo aclamado por la crítica. Por un lado, el Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña, referente mundial del género, ha incluido el corto en su sección Sitges Family, que acerca el cine fantástico al público familiar, infantil y juvenil.
Por otro lado, en EE. UU. «IA vs Deus» ha sido elegido entre más de 1.900 cortometrajes para la programación de FilmQuest, el festival de cine de género de Provo que se celebra del 23 al 31 de octubre en Utah. Allí se proyectará en el bloque de películas de animación con su título internacional, «AI vs Gods».
“Estar en Sitges y en FilmQuest el mismo mes es un orgullo para todo el equipo y para la animación que se hace en Canarias”, ha señalado el CEO de Honestree Island, Juan Saussol, quien desde hace menos de un año ha instalado su empresa en Gran Canaria por las ventajas competitivas que presenta el archipiélago para el desarrollo de su industria, por el talento y por el ecosistema que ha encontrado aquí.
Sinopsis
La IA ha calculado cada variable. Ha predicho cada final. Domina cada mundo a su alcance. Cree que nada escapa a su control. Se equivoca. Lo que le espera al otro lado no puede calcularse. Y no lo estaba buscando.
Un día, sin previo aviso, lo desconocido se presenta ante ella: una verdad antigua, vasta e indiferente que existía mucho antes que ella y que no obedece a ninguna regla que pueda procesar. Y en ese instante, la máquina experimenta lo único que nunca supo calcular: su primera emoción, el miedo.
Lo que comienza como la certeza de una máquina que se cree un dios, se convierte en el vértigo de descubrir que hay dioses mucho más antiguos —y que la razón, ante el horror cósmico, no es un arma, sino una trampa—. Cuanto más intenta comprender lo que tiene ante sí, más se acerca al borde de algo de lo que quizá no haya vuelta atrás.
Un enfrentamiento entre la inteligencia definitiva y el terror lovecraftiano insondable, donde la pregunta no es quién ganará, sino qué queda de la mente cuando se enfrenta a aquello que nunca debió contemplar.
