Cultura

“El poeta expresa todas las formas de caída”.

13.10.2016. Redacción

Por: Ángela Molina Calzadilla

El escritor palmero nos ofrece un recorrido entrañable en torno a su concepción de la poesía y el arte, en vuelo rasante sobre el quehacer que lo ha llevado desde su primer y casi desconocido poemario –el cual no fue nunca publicado como libro- hasta el más reciente, Mis íntimas enemistades, que presentó este año en el Museo Poeta Domingo Rivero.

Licenciado en Filología Hispánica, escritor, crítico literario y profesor de Literatura Castellana, Antonio Arroyo Silva (La Palma, 1957), es un hombre amistoso, pero sin estridencias. De hablar pausado y conversación fácil, encierra en su verbo ecuánime y su actitud generosa - no busca nunca acaparar la conversación- la certeza de que el papel del poeta es “elevar lo mundano, de manera que esas pequeñas cosas que nos rodean parezcan caídas del cielo.”

Y, en esa tarea del poeta, que describe como “meter el mar en un hoyo en la arena”, su voz traspasa las fronteras insulares y es reconocida y escuchada allende el mar océano, logrando, sin duda, “volver a unir lo que ya estaba unido.”

“El arte crea humanidad”

Recordemos el precioso verso de Holderlin, del cual extrajo Heidegger una imperecedera lección filosófica: “poéticamente habita el hombre sobre la tierra”. ¿Qué es la poesía para Antonio Arroyo Silva?

Considero la poesía como una química del error, como si fuera ese estado primigenio de Big Bang en que todo se ordenó a partir del caos. El pensamiento humano es precisamente un error de la naturaleza, pues el hombre con él le pone límites, clasificaciones. El poeta con su química intenta buscar su lugar en la Creación a través de su propia creación y alejarse de ese sentido antropocéntrico de la sociedad humana. Por eso el poeta ha de estar entre la razón y la crítica a la razón. Y esto lo lleva alejarse de su propio yo.

Alejandra Pizarnik ha dicho que “el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y además reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental. La desgarradura. Porque todos estamos heridos.” ¿Concuerda usted con la escritora argentina? ¿Por qué la poesía para el hombre?

Admiro mucho la poesía de Alejandra Pizarnik; pero, desde luego, esa afirmación no le sirvió de mucho. Le sirvió, casi nada, para refundar su vida en el poema y eso es muy importante. El poeta no puede ser terapeuta, porque su función no es la de dar certezas, sino derramar sus propias incertidumbres, que es el caso de Pizarnik. Pero como la mente del lector actúa a la inversa del poeta, al conocer las dudas de la poeta ve una luz y se guía en esa oscuridad. Como también el caso de San Juan de la Cruz. Desde luego estos dos poetas que nombramos son más eficaces que todos los libros de autoayuda que nada ayudan. Un ejemplo, si yo con mi poesía intentara ayudar a alguien a cruzar un barranco seguro que se caería a los pocos minutos. El poeta expresa todas las formas de caída, ¿me explico?

Para el poeta venezolano Armando Rojas Guardia “El rapto inspirador que los griegos atribuían a la intervención divina de las musas, nos dice el gran helenista Walter Otto, propiciaba ante todo claridad espiritual. Ellas −las musas− hacían que el entendimiento permaneciera claro. Esa claridad del entendimiento, producida por el entusiasmo creador, era la primera puerta que franqueaba el canto, la poesía.Para usted, el poema, ¿es epifanía o desvelo?

Antes de responderte te diré que me siento más próximo a la poesía venezolana e hispanoamericana en general que a la peninsular.

Creo que el poeta en sí no revela nada, no creo que el poema sea una especie de chamán que anuncie ninguna doctrina. El poeta, en cuanto tal, tiene una sensibilidad especial que le hace dominar el lenguaje. Eso sí, su papel es elevar lo mundano, de manera que esas pequeñas cosas que nos rodean parezcan caídas del cielo. En cuanto a epifanía, el poema ha de tener una religión, pero en el sentido de volver a unir lo que ya estaba unido. Pero repito, el poema no funda ningún credo, sino imágenes que están situadas entre la vigilia y el sueño. Ah, no creo en las musas sino en las musarañas (¡Es broma!, aclara de inmediato). Ya lo dije: sensibilidad, trabajo, dominio del lenguaje y, por supuesto, conocimiento de una tradición literaria.

“Belleza más piedad: eso es lo más cerca que podemos llegar a una definición de arte. Donde hay belleza hay piedad, por la simple razón de que la belleza debe morir”, dijo alguna vez Vladimir Nabokov. ¿Cree que el arte nos hace mejores personas?

Eso es precisamente lo que me inspira el cuadro de nuestro Antonio Padrón “La Piedad”. El arte nos hace mejores personas, desde luego. Y no quiere decir que los artistas lo sean: Quevedo, dicen, era muy mala persona. Eliot se proclamó fascista y, por ende, racista. Por otra parte, Lorca era muy buena, persona y uno de los mejores poetas que conozco, aparte que tenía su toque de clasista, demostrado contra Miguel Hernández. Otra gran persona era Roque Dalton, fusilado por sus propios compañeros de revolución. Pero sus obras nos hacen a todos nosotros mejores personas, más libres, con mayor espíritu crítico y creativo. “Mejor persona” para mí no significa que siga los preceptos de una religión, sino respecto a humanidad. El arte crea humanidad. Eso es lo importante.

¿Cuál es la relación, si la hay, entre poesía y ética?

Dice el poeta venezolano Reynaldo Pérez Só que, en cuanto a poesía y ética, lo más que le conviene es la necesidad de estar desnudo con todos sus defectos. Y eso en un mundo que está acostumbrado no a la desnudez sino que se complace en las máscaras cotidianas, que absolutamente parecen convencer a nuestros congéneres, acostumbrados al festín habitual de quien miente mejor. Pues eso mismo creo yo. No hay poesía sin ética, lo mismo que no habría estética. La falta de sinceridad se nota en el poema no solo por el uso de los estereotipos y los temas manidos, sino por la misma forma en general del poema donde todo lo expresivo va a hallar el contenido. Así que no importa el qué, sino el cómo.

¿Cómo afecta la insularidad sus poemas?

Yo diría que el tema de la insularidad más que afectarme me produce una visión singular del mundo. Entiendo por insular no esos llamados coloquios folclóricos que suponen una falsificación de la realidad insular.

Pareciera que se escribe mucho en Gran Canaria, quisiera sus comentarios sobre el quehacer poético y prosístico actual en la isla.

En Gran Canaria, como en toda Canarias, se está escribiendo muchísimo y eso es muy positivo. El problema es que muchos escritores, poetas y narradores, se lanzan a la aventura de auto publicarse sin tener el más mínimo rasero ni la más mínima autocrítica, por no decir las nociones de los géneros de su elección. Las editoriales tradicionales tampoco funcionan muy bien los comités de lectura, pues están subidas en el carro de las subvenciones del gobierno autónomo y su política es publicar para no tener que devolver los dineros. También hay editoriales que eligen previamente a los autores con el peligro de caer en el amiguismo y el aislacionismo.

El caso de NACE (Nueva Asociación Canaria para la Edición) es muy singular, pues intenta eliminar todos esos factores. El problema es que los miembros de los comités de lectura somos compañeros de los autores y esto a veces nos ha causado serios problemas, no solo por el rechazo de un archivo sino, incluso, por algunas correcciones que hemos propuesto.

Y, por último, no hay crítica especializada y también es muy difícil la venta de libros.

¿Qué cosas no traga o indignan a Antonio Arroyo Silva en el ámbito cultural español?

Relacionado con lo que antes decía, la falta de ética, es decir, el hecho de predicar una cosa y ser otra. La hipocresía, la falsa humildad, la soberbia. Estas últimas se dan tanto en autores ya consolidados como en los que empiezan. Yo creo que el verdadero poeta que presume de su yo está matando su poesía.

Desde Las metamorfosis a Íntimas enemistades hay un tránsito, vital y poético. ¿Cómo mira hoy al poeta que fue?

Te cuento un secreto: antes de Las metamorfosis hubo otro poemario que nunca se publicó en forma de libro, sino en las páginas de aquella Jornada Literaria que conducía el poeta y catedrático de La Laguna Andrés Sánchez Robayna. También quiero destacar la amistad y la guía de la poeta lagunera que considero una de mis maestras: Olga Rivero Jordán. Ese choque me hizo alejarme del primero y replantearme la poesía. De ahí Las metamorfisis, que fue publicada en la revista Azul del Cabildo de La Palma a principios de los 90. La lectura de mi poemario le causó muy buena impresión al crítico canario afincado en Madrid Jorge Rodríguez Padrón. Y ese sentido de responsabilidad, aparte de la alegría, me hizo ir más despacio. A partir de 2008 vinieron los libros seguidos, pero elaborados y madurados en tantos años, Esquina Paradise (2008), Caballo de la luz (2010), Symphonia (2011), No dejes que el arquero (2012), Sísifo Sol (2014), Poética de Esther Hughes. Primera aurora (2015), Subirse a la luz (2015), Mis íntimas enemistades (2016). También las plaquettes Material de Nube, Un paseo bajo los flamboyanes. En ensayo tengo La palabra devagar. También aparezco en multitud de antologías tanto en Canarias como en el extranjero. Y por último está mi vocación de columnista. De mi vocación de profesor estoy jubilado, pero algo queda.

El poeta, creo, nace con esa sensibilidad que le hace imaginar que puede meter el mar en un hoyo en la arena, después sigue creciendo al mismo ritmo de su vida. Eso es lo que me ha pasado a mí, al menos.

Un poeta predilecto:

Enrique Lihn.

Un paisaje entrañable para usted:

Sardina, es el lugar más increíble donde puedo escribir sobre La Palma.

Una canción especialmente querida:

Let it be, de Los Beatles.

Una nostalgia:

La infancia.

Una frase lapidaria:

“Me dejaste perplejo”.

Un libro que no haya querido terminar de leer:

Los de poesía nunca termino de leerlos, siempre me sorprenden de nuevo. Los libros malos no los empiezo.

Un libro imprescindible:

La pieza oscura, de Enrique Lihn y Elegía de Duino de Rilke.

De una selección de versos de su autoría, solicitamos la reflexión del poeta. Esto fue lo que nos dijo.

Esquina Paradise

....del otro que interpreta la danza

el mismo que olvida los palacios

sin ventanas

En principio estoy aludiendo a ese fresco que hay en el palacio de Knossos donde hay dos delfines en sentido inversos y juntos constituyen una rueda, una danza. El “uno”, el poeta, el primer delfín, “el otro”, el que participa e interpreta o lee la danza. Es mi punto de vista de esa otredad.

Las palabras no vuelven al poema

el poema regresa a su inicio

El poeta escribe sólo una parte del poema. El lector participa. El final del poema para el poeta es el principio para el lector.

Extranjero del gesto de mi boca

me descubro en el gesto del lenguaje

 Ahí hay mucho de existencialismo. Se habla de desasimiento del yo para poder llegar al verdadero yo poético. Yo creo que nuestra verdadera patria es la lengua española. Ahí está nuestra habitación del poema.

El Principio

Yo que tenía una caja

llena de palabras

todas de primera mano

todas sin ver la luz

de la primera aurora

El poeta no hace el lenguaje, contribuye a enriquecerlo. El poeta necesita un dominio del lenguaje para poder construir una casa de lenguaje, igual que el albañil necesita conocer los materiales y las técnicas de albañilería para levantar una casa de ladrillos.

Pero en cuanto a poesía el poeta debe buscar la manera que sus palabras parezca que suenan por primera vez. ¿Cómo? Produciendo extrañamiento entre las palabras, no apiñadas, sino limpias y sueltas.

Quinto Movimiento

Hay demasiado abismo en la raíz

V

Hay demasiado abismo

demasiado temor

En principio hablo de la sabina de El Hierro, pero hablo del ser humano que ha vivido, vive o vivirá. El miedo es lo que produce tanto retorcimiento, tanta raíz, tanto alejamiento de todas las cosas humanas.

Ángela Molina Calzadilla

Ángela Molina Calzadilla

Poeta Venezolana residente en Gran Canaria. Periodista y Abogada.

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