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Cultura

Los cuernos de Moisés

Contemplando el Tríptico del Rosario, de Hans Suess Kulmbach, podemos ver la representación de Cristo flanqueado por los Elegidos, donde figura un Moisés cornudo que ineludiblemente llama nuestra atención

· 4 min de lectura
Los cuernos de Moisés
Fotografía: Detalle de Sillería de coro de la catedral de San Salvador de Oviedo, entre 1491 y 1497 | RR/SS

18.09.2026 | Redacción | Escrito

Por: Pilar Medina Rayo

Autora del libro: Óbolos para Caronte 

Contemplando el Tríptico del Rosario, de Hans Suess Kulmbach, podemos ver la representación de Cristo flanqueado por los Elegidos, donde figura un Moisés cornudo que ineludiblemente llama nuestra atención.

El caso es que no estamos ante una representación aislada donde este importante personaje bíblico aparece portando cornamenta; tal es el caso de la famosa escultura de Miguel Ángel, quien también lo talló con dos cuernos.

Podríamos pensar que esta recreación es propia del Renacimiento, dado que el Tríptico del Rosario (1510) de Kulmbach y el Moisés (1515) de Miguel Ángel pertenecen al mismo periodo cultural; sin embargo, anterior al citado período, ya se le recoge con dichos atributos en algunos canecillos del Románico, como se puede apreciar en la Catedral de Valencia. 

Visto lo anterior, cabe preguntarse ¿por qué Moisés tiene cuernos?

La explicación más extendida, y difundida por los estadounidenses Ian Caldwell y Dustin Thomason en su publicación The Rule of Four, indica que Moisés debe sus cuernos a un fallo cometido por san Jerónimo en la traducción del texto bíblico original al latín (Biblia Vulgata).

Todo comienza con la Biblia. El Dios de Israel afirma que Moisés no podía seguir con vida si veía su rostro. Por ello, se le ordena que se coloque en la hendidura de una roca. Al pasar Dios, el profeta ve su espalda, no su rostro. Cuando desciende del Sinaí con las dos tablas de la ley, su transformación es evidente. La frase clave es: «Moisés no sabía que la piel de su rostro resplandecía porque había estado hablando con Dios» (Éxodo 34:29). Según Caldwell y Thomason, san Jerónimo confundió el verbo hebreo que significa "irradiar luz" con el sustantivo griego que significa "cuernos", así pues, el santo tradujo: "cornuta esset facies sua", o sea, "su rostro era cornudo".

Esta elucidación cuenta con sus detractores, quienes esgrimen a su favor que san Jerónimo para llevar a efecto la traducción disponía tanto de textos griegos como hebreos, dominando perfectamente el griego. En cuanto al hebreo, es cierto que tenía conocimientos más limitados, por lo que se trasladó a Belén al objeto de dominarlo, llegando a consultar con el pueblo judío sobre su trascripción. Hay constancia de que san Jerónimo realizó sin ningún problema la traducción de conceptos altamente complejos o difíciles de entender, por lo que parece extraño que cometa tan flagrante error.

Otros autores lanzan la teoría de que lo que realmente recogió el santo, fue alguna especie de simbolismo teológico que hoy día somos incapaces de identificar por haber entrado en desuso y perderse su significado con el paso de los siglos.

Esta última afirmación podemos apoyarla en los propios comentarios que san Jerónimo hizo en los libros de Isaías y Ezequiel, y también en el Diálogo contra los Pelagianos, en los que manifiesta que los cuernos de Moisés constituyen una metáfora de "fuerza", "poder", "sabiduría" o "conocimiento de Dios".

¿Podría ser este el significado real que san Jerónimo pretendía dar al decir que Moisés portaba cuernos?

No resulta nada descabellado plantearnos esta cuestión si tenemos en cuenta el significado que en la antigüedad clásica se le daba al hecho de portar cuernos como símbolo de poder. Para tal afirmación, debemos considerar que un tocado de cuernos de carnero era símbolo de autoridad por influencia egipcia (el dios Amon-Ra), y transmitida luego a la cultura romana; o que el propio Alejandro Magno se hizo representar en algunas de sus efigies portando cuernos de carnero o cuernos de Amón.

En la Edad Media Santo Tomás de Aquino se vio en la necesidad de explicar públicamente que Moisés no llevaba cuernos. La razón de esta explicación la encontramos en que para el cristianismo medieval la cornamenta había pasado a ser símbolo de posesión demoníaca, por lo que era muy mal visto que el personaje bíblico tuviera cuernos.

Y Moisés cambió sus cuernos por dos rayos de poder que emanaban de su frente. En cuanto a las artes plásticas, los primeros en apartarse de los cuernos físicos y volver a ilustrar visualmente los haces o rayos luminosos en la frente del profeta, fueron pintores del Renacimiento temprano como como Fra Angélico y Sandro Botticelli a mediados del siglo XV; igualmente, en el siglo XVI, Ribera ya le pinta sin cuernos, apareciendo en su lugar unos rayos de luz que lo glorifican.


Pilar Medina Rayo

Escritora y autora del libro "Óbolos para Caronte"
Madrid

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