El fin de la politica.
Siento que nada me despierta más desconfianza que un apolítico, el apolítico es, generalmente, un tipo de ciudadano que se envenena con la soberbia de su ignorancia.
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Música y compañía, en directo
La radio se detiene al cambiar de página. En una ventana aparte sigue sonando mientras navegas.
Comienza a escribir en 1992, a la edad de 18 años, impulsado, en un primer momento, por cierto apetito de amor romántico,
pronto comienza a consolidar su inquietud por la poesía, por la lectura y la creación de sus propios versos, que avanzan
dentro de sí mismo, dentro de su apetito por comunicar una intensa sensación emocional, algo que dentro empuja y empuja,
golpea casi.
Siento que nada me despierta más desconfianza que un apolítico, el apolítico es, generalmente, un tipo de ciudadano que se envenena con la soberbia de su ignorancia.
Los animalistas tienen su credo, los vegetarianos y los defensores de la carne asada también tienen su credo.
El talento, en el fútbol, a veces se transforma en un ejercicio de corazón sin cabeza y disfrutamos de la maravillosa perfección milimétrica de la pasión primaria del instinto.
La libertad tiene ese carácter arrogante que nos empuja a intentar violar determinados absurdos presentes en los rigores normativos.
Leer este libro ha significado, a nivel personal, un hallazgo y una revelación interior.
El argumentario bien elaborado y presentado en forma de documento de presunta relevancia social, no tiene recorrido.
¿Qué hacemos cuando la vida se convierte en un enorme solar sin futuro o cuando el futuro más inmediato es la desaparición de la vida?.
No ya en las élites políticas sino, aún más grave, en la simplificación del pensamiento de los potenciales electores.
Antes existía Dios. Hace décadas, antes de la transformación social que ha significado una grandísima ruptura con lo antiguamente establecido.
Casi sin darnos cuenta nos hemos puesto a danzar, atraídos por el magnetismo de la herramienta tecnológica, al son de una extraña transformación del lenguaje comunicativo.
¿Somos verdaderamente reales cuando hablamos a través del precario altavoz de las redes sociales?.