Engañosas etiquetas de alimentos "sin azúcares añadidos"

Los diabéticos, las personas con sobrepeso y las que saben lo dañino que es consumir azúcar (uno de los tres enemigos blancos, junto a la harina refinada y la sal), debemos tener mucho cuidado con determinados alimentos procesados que son etiquetados bajo la atractiva denominación de "sin azúcares añadidos", porque sí contienen glucosa de una u otra manera. Así, por ejemplo, si usted compra un paquete de galletas "digestive" en Mercadona, "sin azúcares (en letras grandes) añadidos" (en letra más pequeña), sepa que dos simples galletitas contienen 5 gramos de azúcar, lo que equivale a una bolsita de azúcar de las que echamos al cortado en cualquier cafetería. Lo mismo ocurre con determinados postres envasados, como el arroz con leche, los flanes, las natillas o muchos yogures, o ahora, que estamos en vísperas navideñas, con las peladillas, los turrones, los opollvorones, los mazapanes y artículos similares, que sí tienen azúcar, aunque los fabricantes lo "ernmascaren" con la palabra "añadidos", por lo que no es aconsejable su consumo por personas que padecen diabetes, que tienen sobrepeso corporal o que quieren llevar una dieta que no sea "dulce". Las etiquetas de los productos son su tarjeta de presentación, y por ello los fabricantes las hacen cada vez más atractivas y en ellas plasman mensajes más llamativos para conseguir que consumamos mucha más cantidad de un determinado producto. Una de las frases más repetidas actualmente es “sin azúcares añadidos”, algo que se ha puesto muy de moda en una época en la que el culto al cuerpo prima por encima de muchas cosas. El azúcar es un componente natural que muchos alimentos contienen en sí mismos de diferente manera. La fruta contiene fructosa, los cereales hidratos de carbono, de donde el organismo extrae los diferentes tipos de azúcares que luego utilizará para conseguir energía. A pesar de esto muchas veces en los alimentos procesados se añaden azúcares diversos para mejorar su sabor y hacerlo más apetecible, por eso los fabricantes recurren a esta leyenda, que en realidad es cierta, pero que en muchos casos puede ocultar otras cosas detrás. Como consumidores, cuando leemos esta frase lo que solemos hacer es coger ese producto, ya que consideramos que es mejor al contener solo los azúcares propios. Es más, la gran mayoría piensa que además contiene muchas menos calorías, con lo que suelen ingerir más cantidades de ese alimento que de otros que no llevan escrito en su envase “sin azúcares añadidos”. Y lo que no se sabe es que muchos fabricantes para mantener el buen sabor de sus productos lo que hace es aumentar la cantidad de grasas, ya que éstas son más apetecible y sabrosas al paladar. En otros casos lo que se hace es añadir edulcorantes que endulzan el alimento pero no aportan calorías ni grasas. Es recomendable comprobar por la etiqueta que los niveles de azúcares no superan el doce por ciento del producto, y conocer los tipos de azúcares. Sin ir más lejosm, las galletas "digestive" a las que me refiero al principio de este comentario, contienen "jarabe de glucosa". Ahí es nada. No debemos confiar en las etiquetas de los productos por un simple reclamo y mucho menos cuando de nuestra salud se trata, ya que un exceso de azúcares no es nada recomendable para nadie. Lo mismo ocurre con el contenido de aceites de baja calidad y con las grasas saturadas.

La Navidad de las alegrías y tristezas

El 2018 está a punto de llegar a su finalización. Por las calles de Santa Cruz me encuentro con muchas personas las cuales se sienten nostálgicas y triste, motivado por las fechas navideñas que están apunto de celebrase. Lo que en otra época supuso compartir estas fechas bíblicas navideñas en familia, ahora son recuerdos de sillas y mesas vacías. Ni que decir tiene, que mucha son las personas que comienzan a sentir en estas fechas cierta angustia ante la llegada de la Navidad. Consideran que, como todos los años, ya están aquí unas fiestas, donde la celebración en familia y con amigos, así como las comidas de trabajo y los regalos, son un conflicto

La tozudez del Rector de la ULL también repercute en las colas de la TF-5

Todos los días hablo con numerosas personas sobre diversos temas para entender mejor el sentir de la población. Creo que los periodistas que analizamos la actualidad con frecuencia tenemos la obligación de palpar el pulso de la calle, de conocer sus problemas, de intentar ser objetivos trasladando esas opiniones a los lectores para conseguir, en definitiva, una mayor calidad de vida de los habitantes de un territorio y para tratar de solucionar problemas puntuales que afectan a miles de personas. Es el caso, por ejemplo, del tan llevado y traído asunto de las colas de coches y los interminables atascos de vehículos en las principales vías de esta Isla y, en especial, los que se producen todas las mañanas entre El Sauzal y La Laguna, en sentido Santa Cruz; y por las tardes desde la salida del Aeropuerto de Los Rodeos y Las Chumberas, en dirección al norte de Tenerife. He hablado con dos trabajadores de la Sanidad pública canaria, un hombre que se desplaza todos los días desde Los Realejos hasta el HUC de La Laguna y una joven que ha de realizar diariamente el trayecto entre La Guancha, donde reside, y el Hospital de la Candelaria. Los dos me han dicho que las colas son más lentas y los atascos más importantes los días lectivos en la Universidad de La Laguna y que se suaviza el problema cuando no hay clases en el primer centro docente de Canarias. Algunos políticos tinerfeños han pedido en reiteradas ocasiones a la autoridad académica de nuestra Universidad que cambie el horario de comienzo de las clases y que éstas empiecen a las 10 de la mañana, a lo que al parecer el rector Antonio Martinón se ha negado en redondo, ya que piensa que el problema de circulación vial no lo ocasiona el alumnado de la ULL. Creo que los estudiantes universitarios no son los únicos causantes, desde luego, pero colaboran en el desastre. Y me da la ligera impresión de que la tozudez de Martinón Cejas también repercute en las colas de la Autopista del Norte. Mis dos sufridores comunicantes, al menos, piensan como quien estas líneas escribe. En fin... doctores tiene la Iglesia y, por supuesto, la Universidad de La Laguna. O eso dicen.

Los catalanes se rebelan contra su propio gobierno

La fruta madura termina por caerse del árbol y se pudre en el suelo. Algo así le está pasando al proceso independentista catalán, porque los propios catalanes se están dando cuenta de que el Gobierno Autónomo de Quim Torra solo está obsesionado con la hipotética futura república y desde hace años la Generalitat desatiende las demandas populares de muchos sectores de la sociedad a la que dicen servir. Decenas de miles de catalanes de a pie se están dando cuenta de que viven en la región española con mayor presión fiscal de todo el país, por culpa de los impuestos de la propia Generalitat y los estudiantes universitarios han visto cómo su propio Gobierno autónomo ha subido este año las tasas académicas en un sesenta y siete por ciento, mucho más elevadas que en el resto de la universidades españolas. Los médicos catalanes del Servicio público de Salud están también hasta la coronilla de conseller de Sanidad por los recortes aplicados en el sector y por la sobrecarga de trabajo que tienen, por lo que --como los estudiantes de todos los niveles educativos de la comunidad autónoma-- se han echado a la calle en busca de mejoras salariales y de una menor presión laboral. A esto hay que sumar al colectivo de los bomberos dependientes de la Administración autonómica, que demandan mejores sueldos y, sobre todo, poder disponer de un material contra incendios renovado, porque el actual está obsoleto. Como se ve, aumentan las protestas de diversos colectivos, que se están dando cuenta de que no todo el monte es orégano y que la Generalitat ha malgastado miles de millones de euros en el proceso independentista sin haber conseguido sus objetivos secesionistas. Los catalanes sensatos también han visto de que la famosa frase de los nacionalistas que afirma que "España nos roba" es una pura falacia y de que la propia administración autonómica funcionó mejor con la dirección política derivada de la aplicación del artículo 155 de nuestra Constitución, que bajo el mando de unos sediciosos y delincuentes. El asunto tiene más enjundia de la que parece. Y, si no, al tiempo, porque los catalanes no son tontos y también tienen un límite en su capacidad de aguante.

Algunos gobernantes de CC piensan que El Pueblo es bobo

No sé lo que ocurrirá el 26 de mayo próximo en Canarias con los resultados de las elecciones municipales, insulares y autonómicas, pero es de desear que los dirigentes de CC pasen un tiempo a la oposición.

El valor de las pequeñas cosas

El valor de lo simple de lo pequeño, de aquello que a la vez es tan grande y que apenas nos damos cuenta. Eso que pasamos por alto y un día vemos lo valioso que es. La vida se basa en eso en las pequeñas cosas que hacen grande tu mundo. La vida te da todos los días una dosis de cosas maravillosas que apenas percibimos por estar inmersos en una vorágine de prisas constantes y de agobios, sin darnos cuenta lo especial y mágicas que son. Ese abrazo sincero, la sonrisa de alguien a quien amas, los rayos de sol llegando a ti iluminando todo tu cuerpo. Eso es belleza en estado puro, porque la belleza de verdad se siente con el corazón. La belleza está en todos lados solo hay que saber apreciarla y mirar con los ojos del corazón.

Aquel joven periodista se duchaba de uvas a peras

He trabajado muchos años en varias redacciones periodísticas de las Islas y durante todo ese tiempo me he tropezado con individuos muy raros, muchos tíos maniáticos, más de una docena de alcohólicos y con algún profesional que, escribámoslo así, no cuidaba muy bien su higiene personal. Me refiero, en concreto, a un joven periodista peninsular, no me acuerdo ahora mismo si vasco o navarro, que trabajó durante pocos años en uno de los periódicos en los que yo estaba, allá por los años ochenta del siglo pasado. Creo que aquel chico solo se duchaba de uvas a peras y, aunque no olía demasiado a sudor, las maquetistas y las redactoras sí se fijaban en que, un día sí y otro también, casi siempre llevaba el mismo par de calcetines. No cabe duda que aquel muchacho era de secano, de tierra adentro, porque una vez un par de niñas de la redacción lo invitaron a ir a la playa de Las Teresitas y lo único que hizo fue descalzarse sobre la arena y desabrocharse algo la camisa, pero el hombre permaneció vestido en la playa durante horas, sin inmutarse lo más mínimo, a pesar de que el sol rajaba las piedras. Para investigar más a fondo sobre su poca higiene personal, una de las diseñadoras de las páginas, le hacía rayones con lops bolígrafos en los antebrazos y las manos del susodicho y aquella marcas permanecían en su piel durante días y más días, prueba evidente de que era más alérgico al agua que los gatos. También les puedo decir que, en una ocasión, tuve que ir a verle al piso que tenía alquilado con otro compañero peninsular cerca del periódico y, cuando entré en aquella vivienda, el tufo a pies sudados me tiró para atrás y la habitación donde dormían era absolutamente irrespirable. No sé si se lavarían "por partes" las axilas y otras zonas íntimas del cuerpo, pero les puedo asegurar que, desde luego, sus pies no habían tocado el agua en semanas, con lo que se pueden imaginar el "perfume" con el que estaba impregnado aquel piso. Me imagino que la casera no pagaría más de un metro cúbico de consumo de agua al mes... Y eso.

El avión, el escupitajo y las payasadas parlamentarias

En cierta ocasión, hace ya muchos años, fui testigo de cómo el entonces presidente del Cabildo de Tenerife, José Miguel Galván Bello, le decía al consejero insular socialista Antonio Martinón Cejas --hoy rector magnífico, que no magnífico rector, de la Universidad de La Laguna-- que era un buen político pero que tenía un gran defecto y ese no era otro que el de darle mucha importancia a las pequeñas cosas. No sé si, al cabo del tiempo, tendría razón el difunto lord Chasna, pero sí es cierto que en este país, por regla general, a la generalidad le pasa lo mismo, que se fija en detalles que no tienen una importancia trascendental y, por el contrario, pasa de largo sobre asuntos graves que afectan a la patria y a la sociedad entera. [Y no me da grima por escribir la palabra patria, que parece un vocablo que solo pronuncian los extremistas de la derecha]. Aquí, en esta España nuestra, se le da más importancia a un supuesto escupitajo lanzado por un diputado de ERC (los republicanos catalanistas) al ministro de Exteriores, José Borrell en el Congreso de los Diputados que a todo el proceso independentista de unos locos delincuentes de una región española, algunos de los cuales llevan un largo tiempo en el extranjero, prófugos de la Justicia. O cómo nos fijamos en las veces que el presidente del Gobierno usa --y tal vez, abusa-- los aviones de la Fuerza Aérea para desplazarse a algunos sitios dentro del territorio nacional, habiendo otros medios de transporte alternativos, y no nos preocupamos por el asunto de Gibraltar, de mucha mayor trascendencia. Igual sucede con las payasadas de algunos diputados de ERC o de Podemos en el Parlamento, con el beso "a la rusa" de Torrent e Iglesias, el bebé de la Bescansa o los insultos del tal Rufián. Eso son simples anécdotas al lado de las miles de personas que no tienen recursos suficientes en España y no tienen dinero ni para encender la calefacción... Un país surrealista, sin duda. ¿O no?

Un grito de repulsa

La evolución de una sociedad se refleja en las actitudes de las personas que la componen y en los tiempos en los que nos ha tocado vivir nos queda mucho camino por recorrer. Hoy, 25 de noviembre, es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una conmemoración que lamentablemente viene a demostrar el trabajo que aún queda por hacer para lograr erradicar este mal que se sigue cobrando vidas de manera atroz e injusta.

Ambientazo sabatino lagunero

Este pasado sábado, a las siete de esta tarde regresé a casa después de estar paseando algo más de una hora por las calles del casco histórico de La Laguna. Un ambientazo sabatino tremendo y apabullante. Si no había varios miles de personas no había ninguna. Las terrazas de las tabernas y bares de la Plaza del doctor Olivera, en la explanada de la Iglesia de La Concepción, estaban repleta de gente, consumiendo bebidas y comidas tanto en el exterior como en el interior de la docena de locales que hay en la zona, desde Pal-Melita, El Extremeño, La Venta, el Venezia, El Rincón Lagunero, etcétera, hasta el Benidorm y el Caballo Blanco, Un grupo musical actuando en las escaleras de la Iglesia, cerca de la antigua parada de las guaguas Cirilas, algunos mimos en las principales vías, otras actuaciones musicales individuales, un fabricante de bolas de jabón, puestos de venta de castañas asadas, turrones de Tacoronte, almendras garrapiñadas y otras chuches y un gentío, en definitiva, que alegraba el ambiente urbano. Ya de regreso a casa me tropecé con un numeroso grupo de mujeres de cierta edad, seguramente viudas, que estaban bailando en la parada del Tranvía en la Avenida de la Trinidad, mientras entraban a uno de los vagones rumbo a la capital. Sin duda, La Laguna se ha alzado con el liderato como punto de encuentro y de ocio de todo el área metropolitana de la Isla, gracias a la peatonalización del núcleo histórico y a la concentración de tascas y bares en tan reducido espacio. La Laguna, desde hace unos años, dejó de ser una ciudad triste, apagada y solitaria, para convertirse en una urbe divertida y dinámica, sobre todo los fines de semana. Me alegro por el comercio local y por los centenares de personas que trabajan en la zona. Los viandantes agradecen que por las principales calles del casco históprico ya no haya tráfico rodadol de vehículos y muchas personas suben y bajan a Santa Cruz en el tranvía, sin necesidsad de desplazarse en coches hasta La Laguna y perder un tiempo innecesario en buscar una plaza donde aparcar el vehículo. Y, de paso, se pueden enjilgar un par de copas, sin temer un control de alcoholemia por la carretera.


Tagoror

Síguenos en nuestros canales
de Redes Sociales

Explorar

Explorar Secciones Tagoror