Ser feliz cuesta poco, no serlo sale caro

Me gusta sentir que necesitaba esta pausa, al margen de lo que pasa ahí fuera, aunque no tenga la casa como los chorros del oro, ni haya visto cuatro series en Neflix ni haya destacado como una potencial cocinera. Desde luego nadie quería que este "alto en el camino" estuviera marcado por la tragedia, la pérdida y el dolor, pero a pesar de ello la vida sigue, el mundo no se ha detenido. Somos nosotros, muchos de nosotros, los que hemos pisado a fondo el freno de nuestras vidas casi derrapando porque de pronto, quedarnos en casa era nuestro principal cometido.

Islas para vivir

Decía Machado que es de necios confundir valor y precio. Y es posible que a muchos de nosotros estos largos días de confinamiento nos hayan servido para reflexionar sobre la fragilidad de las cosas que damos por seguras. Del inmenso valor que tiene para nosotros muchos pequeños detalles a los que no prestamos, en ocasiones, la mayor importancia.

Los niños en el mundo en época de pandemia

En un estudio elaborado por la Organización humanitaria Plan Internacional, refleja la preocupación por los efectos que esta causando el coronavirus en el mundo. Sin duda, vivimos unos momentos de preocupación y de incertidumbre, donde tendremos que saber vivir con la COVID-19 hasta que la Ciencia sea capaz de descubrir la tan deseada vacuna. Los efectos causados hasta ahora por el coronavirus son aterradores y preocupantes, no exentos de muertes, histerias y miedos.

Pedir perdón

¿Sabéis?, la vida es demasiado cansina para que nos estéis forzando todo el día a pedir perdón por algo que no hemos hecho y que en la vida se nos ocurriría hacerlo, por mucho que lo recalquéis a través de vuestro odio. Creo que es más despectivo y así me lo han hecho ver muchos, que decirles hombre de color es algo más fuera de contexto. Pero, como siempre habrá alguno que utilizará mis palabras con un sentido distinto y ideal paras sus patéticas intenciones de rabia y desprecio.

Empotrados en el conflicto permanente

Estamos asistiendo a un espectáculo deleznable por parte de una mayoría de la clase política española, donde el frentismo es su bandera. Se fomenta conscientemente el enfrentamiento, buscando posibles réditos electorales, cada cual más provocador y en muchos casos hasta chulesco. Es la exaltación de la rivalidad fanatizada. En todos los ámbitos y por todos los medios, hay una continua hostilidad, que sobresale en las redes sociales. No hay manera de encontrar puntos de encuentro, más bien, se aprecia el distanciamiento y si puede ser, sazonado con algo de acritud, que así parece ser que tiene más valor. Podríamos hablar de la sociedad de la discordia, porque ese combate dialéctico se está trasladando a la sociedad y al comportamiento ciudadano, llevando a la división en bandos irreconciliables, pero, sobre todo, en partes con sordera crónica, ya que no se escucha al que piensa diferente, simplemente se le ataca, menosprecia o se le desprestigia. Ya el refranero español señala que es más costosa la discordia que la concordia.

Y el turismo, ¿pa cuándo?

Mira que tenemos paciencia… Desde el primer momento de esta crisis ‘covidiana’ hemos sido de largo el sector más afectado y todo indica que desgraciadamente lo seguiremos siendo mucho tiempo. Todos los ministros y ministras, ¡incluso el de Consumo¡, tan conocedor del turismo, han hablado del nuestro como el sector clave para este país y su recuperación. Es curioso que siendo tan clave lo dejen fuera del grupo de ‘los cuatro fantásticos’, y eso que la ministra Maroto tiene en su cartera un 40% del PIB del país, junto con Industria y Comercio. Sigo sin entender que se ignore el turismo o no se le dé el peso debido en la toma de decisiones. Y no me vengan con historias de encuentros en la tercera fase. Si no está en la mesa la opinión de la ministra, no cuenta como debería, así de simple.

Hay que dejar el miedo atrás

Algunos expertos internacionales consideran que lo que se ha hecho en países como España o Italia con el coronavirus ha sido “una práctica medieval”. Opinan que es una locura paralizar la sociedad y encerrar a todo el mundo en sus casas, porque los daños que se causa a la economía son tremendos. Y ponen de ejemplo otros países en donde se ha contenido la pandemia sin encierros masivos, a través del comportamiento responsable de los ciudadanos y de las medidas de protección individual (aunque también han pagado su correspondiente costo en pérdida de vidas humanas).

¿Cambiaremos tras la crisis pandémicas?

Un artículo de la periodista, Guadalupe Bécares, en la revista digital Ethic Magazine; me atrajo por la importancia de su contenido con respecto al futuro de la humanidad, teniendo como referencia el coronavirus y el cambio climático. Sin duda, vivimos tiempos de miedos, histerias y de incertidumbres, pero con la esperanza de vivir en un mundo mejor, siempre y cuando el futuro, el mañana, nos permita darnos la oportunidad de saber valorar en el escenario terrestre donde vivimos. ¿Cambiaremos tras las crisis pandémicas bacteriológica y económica?

Empresarios ejemplares

El impulso de la iniciativa privada será quien sacará a este país del atolladero en el que estamos sumergidos, primero por la crisis sanitaria provocada por el COVID-19, después, por la inestable e incierta política del gobierno central y más tarde, por la prolongación innecesaria del estado de alarma, más allá del tiempo preciso. Las medidas extraordinarias que se han impuesto han propiciado una paralización de todo el sistema productivo en los tres últimos meses y pueden poner en peligro la reconstrucción, si se mantienen por más tiempo. Es el momento de arrancar de una vez la potencialidad del tejido empresarial, como generador de actividad y empleo, porque hay que impulsar la economía inmediatamente.

El ‘día D’ de Canarias

Reconstruir significa volver a hacer lo que ha sido destruido. Levantar lo que la adversidad ha derrumbado. Y lo que el Gobierno de Canarias ha convertido en el gran asunto de nuestras islas, este día oficial del archipiélago, es la propuesta de un gran pacto que nos sume a todos y a todas en rescatar el bienestar y la felicidad de las familias de Canarias amenazadas por la gran tormenta económica que se aproxima. Esta vez no quedará nadie abandonado a su suerte. Esta vez no dejaremos a nadie a la intemperie. Y esa es la voluntad y el espíritu del pacto.


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